¿Quedamos a tomar café?

Yo me dispongo a tomarme algún que otro cafetito mientras tecleo, intentando pensar con cada sorbo y escribir entre uno y otro disfrutando de un momento especial en el que pueda volcar ideas, opiniones, sobre libros, música, imágenes, dar rienda suelta a algún que otro desvarío, desahogar algún grito, espero que también algo de humor, a través de esta gran ventana virtual.

Abierta queda. Si alguien quiere tomarse un café conmigo bienvenido sea.

martes, 27 de enero de 2015

El fieltro y la luz eléctrica

¿Tienen algo en común?  
¿Cambia la textura del fieltro con la luz eléctrica?  
¿Puede el fieltro ayudarnos a ahorrar en la factura de la luz?  
¿Cómo inciden el uno en la otra, o la otra en el uno? 

Un puñado de preguntas absurdas que solo tienen dos propósitos:


UNO: mover al desconcierto a todos los que acabáis de llegar con la sana intención de acomodaros en el salón con el café o el té en la mano, y os habéis quedado con la cucharilla en suspenso pensando si no será mejor salir corriendo (espero que la curiosidad haya hecho mella en vosotros y acabéis por meter la cucharilla en la taza y remover el azúcar).
DOS: una vez probado el líquido que sea y comprobado si está a vuestro gusto conduciros al objeto de la entrada, que bien podría llegarse a la conclusión de que es tan inútil como las preguntas formuladas al comienzo de la misma, pero que quizá podría llegar a alumbrar en vuestras mentes esa idea brillante que justo necesitabais para tapar, ocultar, disimular y en ultimo extremo incluso realzar el antiestético e ineludible cuadro eléctrico que protagoniza el recibidor de nuestras casas. 

No es que vayamos a descubrir la pólvora, ni siquiera la rueda o el fuego. Haber, hay en el mercado soluciones para ello, aunque no siempre es fácil dar con la que se ajuste a tus medidas. La ventaja, muy a tener en cuenta hoy día, que ofrece la solución que yo os traigo, es que es muy barata y muy sencilla y como diría un avispado vendedor, con muchas posibilidades de que cada uno lo acomode a sus necesidades y gustos personales. Yo no tengo intención de venderos nada, así que estoy fuera de toda sospecha, no voy a daros gato por liebre, lo que se ve, es lo que hay. Ni más ni menos.

¿Dónde están las palanquitas que nos dan y nos quitan la luz? 

Camufladas entre la maleza. 



Dentro de la etiqueta de aficiones que inicié con la entrada sobre la reconversión hoy os dejo mi versión de "tapadera" bajo la que disimular el dichoso cuadro eléctrico. 
Las posibilidades son muchas. Unos pliegos de fieltro que se ofrecen en una amplia gama de colores para combinar con el de las paredes o los muebles, una tijeras, cinta para tomar medidas, un poco de hilo de los bordar y....
¡que vuele la imaginación! 
Se pega a la tapa del cuadro con velcro y no estorba para abrirla y cerrarla cuando sea preciso. ¡¡Barata y entretenida!!

Si sois un poco más habilidosos que yo podéis convertir un "cuadro" eléctrico en toda una obra de arte. ¿Quien se anima con los trabajos manuales? 

miércoles, 21 de enero de 2015

El ojo implacable de la luna

Me da miedo la luna.
Soy pequeña, hace frío.
Camino por el largo y estrecho corredor.

El patio es un pozo profundo y oscuro.
Levanto la vista y allí asoma.... sobre el tejado. 
Me mira. 
Sigo caminando sin soltar la barandilla.
Su gran ojo blanco acompaña mis pasos.
No se despega de mí.
Camino y me sigue.

Rodeo el patio cada vez más rápido.
Su luz hace más profundas las sombras.
Intento no mirarla, pero cada vez que levanto la vista... 
allí sigue, 
mirándome con su pálida luz blanca,
impasible, acusadora.
Yo no debería estar allí,
en lo oscuro, 
sola.

Apenas unos pasos me separan de la puerta.
Corro sin mirar atrás,
el corazón me salta en el pecho,
Su latido atrona en mis oídos.
Estoy alcanzando la puerta,
ya no la veo,
pero siento su frío aliento en la nuca.
Un escalofrío me recorre de la cabeza a los pies.
Abro la puerta, doy un paso,
una cálida luz me envuelve,
un golpe de aire caliente golpea mi rostro helado.
Huele a sopa.









jueves, 15 de enero de 2015

Pena

Pena con pena y pena desayuno,     
pena es mi paz y pena mi batalla,     
perro que ni me deja ni se calla,     
siempre a su dueño fiel, pero importuno.     
Umbrío por la pena, Miguel Hernández.


¡Ay, pena! Llevas días rondándome. Te presentas cuando quieres, con razones o sin ellas.  Hoy... hoy bien sabes tú que no voy a esquivarte. Ven... que me cojo a tu brazo. Hoy serás mi compañera, pero esperarás paciente detrás de la sonrisa, sin asomarte por los ojos, sin enredarme las palabras... mientras no estemos a solas. Esto es algo entre tu y yo. 

Cuando sea el momento te dejaré todo el espacio. Dejaremos que la música se instale entre nosotras. así nos entenderemos mejor. A mi me será más fácil soportarte y tu te irás más conforme. 

Deja que cierre los ojos. Así... 

¡Ahora escucha y déjame llorarte!



¡Cuanto penar para morirse uno!    
Umbrío por la pena, Miguel Hernández

sábado, 10 de enero de 2015

Estampas de invierno

    Si justo antes de navidad despedía el otoño, tras ella toca dar una merecida bienvenida al invierno. Creo que no se merece la mala prensa que suele tener. A mi me parece una estación preciosa siempre que dispongamos de los medios necesarios para protegernos de las inclemencias. Un techo, calefacción, una cama calentita y salir a la calle bien preparados para cada ocasión. Dicen que para muestra un botón. Os dejo unos cuantos botones recogidos en estos últimos días. 

Mediados de diciembre. Confluencia de la calle Joaquín Costa con Castellana
    Amanece en Madrid, rubor que nada quiere saber de la riada de coches que se agitan en las arterias de la ciudad. Fugaz recompensa para aquellos que emergen del subsuelo vomitados por infernales vagones abarrotados camino del trabajo. 

Un día cualquiera del mes de diciembre. En el balcón.

  
¿Quien dice que el invierno es gris y la lluvia triste? El invierno está lleno de luz y color, sólo hay que saber mirar. El cactus de navidad se llena en diciembre de estas vistosas flores fucsias y un poco de sol tras la lluvia lo convierte en una brillante joya. 

    Noche del 26 de diciembre. Zamora





Niebla de cuento de misterio, velo que 
suaviza la aristas, cortina de brillantes que se prenden en el pelo. 










Hace frío, sí, un frío que pega dentelladas en esta noche zamorana, pero no traspasa las barreras que le he puesto y con pasos blandos y lentos recorro las calles que se pierden en la niebla.










Mañana del 31 de diciembre. En el camino

     En la frontera del año, en la carretera: Cantabria, Palencia, Burgos. Se desliza el
paisaje en esta cristalina mañana dejándonos con la boca abierta. 











La nieve relumbra bajo esos rayos leves del sol invernal en contraste con el intenso azul del cielo.  El aire transparente y helado queda fuera del coche.


















  Tarde del 2 de enero. Santoña (Cantabria)

  Le hacen cosquillas al cielo que ya se oscurece, las ramas desnudas de los árboles. Plácido atardecer reflejan las aguas de la bahía donde se refugia el puerto de Santoña. 


Sol poniente entreverado por ligeras nubes llenan de paz y tranquilidad desacostumbrados el paseo marítimo en este temprano anochecer de invierno. Frío sí, pero un frío manejable, que no muerde.

3 de enero. San Sebastián 

 ¿Dónde quedó el frío? Desde luego lejos de la playa de La Concha de San Sebastián, donde este esplendido mediodía de enero nos regala unos colores intensos, un aire suave y dulce en el que flota el bullicio de la gente que abarrota el paseo. Sobran los abrigos, las bufandas y los guantes. Tan suave es este mediodía que hay quienes no dudan en aprovecharlo para darse un baño en este maravilloso mar Cantábrico. 

  La humedad, siempre al acecho, va ganando terreno conforme el sol comienza a descender. Entre uno y otra, con los últimos rayos en los rostros y la humedad reptando por los pies, la tarde empuja a la gente hacia las compras y los bares. 

Primera hora de la tarde. 5 de enero. En la playa

       ¿Valiente? No se, un poco cabeza loca, sí. Apetece retar al invierno. 

Demostrarle que no es tan fiero como se cree. Se hace irresistible la tentación bajo la caricia del pálido sol. Con la suavidad de este aire. Antes de volver al asfalto mis pies necesitan pisar la arena, sentir la caricia punzante de esta agua fría. Muy fría, os lo aseguro. Pero que desde la punta de los dedos me transmite la fuerza y la energía de este mar que no se rinde nunca. Que no ceja en su empeño por bañar las orillas de mi vida. 

    Como botón de cierre, la primera luna llena del año que iluminó el camino de los Reyes  Magos en la noche del 5 de enero. 

    Así, con el recogimiento que el invierno provoca en el ánimo, con esta reserva de belleza y de paz, respiro hondo y miro de frente el año que comienza.


   ¡¡ Allá  voy  2015 !!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Ya está aquí... la navidad

¡¡Ya está aquiiiiii!!!


Dos semanas intensas, que para consuelo de los no entusiastas, pasarán pronto y para alegría de los que disfrutan de ellas llegan con la exquisita puntualidad que marca el calendario desde hace casi 2000 años.

Una engrasada maquinaria cuya fuerza de arrastre empieza con semanas de antelación. Para cuando estas letras vean la luz me encontraré en el epicentro de la tormenta navideña, seguramente luchando por salir sin demasiados daños del primer asalto y tomando aire para los siguientes. No voy a estar en condiciones de pasar por aquí a tomarme un café tranquilo con vosotros y también necesitaré algún día para intentar recuperarme del maratón fiestero, así que os dejo mi felicitación y me retiro unos días de los quehaceres blogueros.

Para los que disfrutáis de ellas, para los que las soportáis con resignación, para los que preferiríais saltarlas con pértiga y aterrizar en el 8 de enero...


Mis mejores deseos para todos,
en la despedida y en el año venidero. 


sábado, 20 de diciembre de 2014

Despidiendo el otoño


 Piensas otoño y piensas en bosques, piensas en tono dorado y se inunda la nariz del intenso olor de la tierra húmeda y oscura y aligeramos el paso llevados por la misma brisa fresca que en poco tiempo hará bailar a las hojas caídas. Podemos cerrar los ojos, decir otoño y pensar que ese bosque se abre ante nosotros, podemos durante un rato, pero lo cierto es que no dejará de ser un ensueño, pocos tenemos la suerte de contar con un bosque en la puerta de casa. Una gran mayoría, entre la que me encuentro, sólo podemos aspirar a un otoño urbano, atrapado entre el asfalto y los coches. 

   Ese es mi otoño y este otoño que oficialmente acabará en la madrugada del próximo lunes, es el que os traigo hoy para despedirnos de él.


    A lo largo de estos dos o tres meses he intentado, literalmente, atraparlo al vuelo, sobre la marcha, camino del trabajo, de vuelta de él, mientras iba a comprar o a dar un paseo. Si hacemos un esfuerzo, quizá deba ser un gran esfuerzo y no baste uno pequeñito, pero si estamos dispuestos a hacerlo, entonces es posible que lleguemos a encontrarle una pizca de encanto a este otoño urbano. O tal vez no sea del todo propio hablar de encanto en este caso, porque lo que a veces he buscado o intentado y otras ha resultado en un azar imprevisible, es la  imagen un tanto deforme y surrealista del otoño en la ciudad. Un otoño en vertical, un otoño reflejado, un otoño arrastrado y aplastado, y a veces, casi sin esperarlo, un destello de luz, un rincón sorprendido.

   Acera y calzada, ladrillo, cemento y cristal, coches, autobuses y motos, rodando o aparcados, pedacitos de tierra y verde en parterres y filas de árboles que como soldados disciplinados se alinean bordeando las calles. Acacias y plátanos principalmente que se alzan buscando el cielo entre altos edificios sin espacio para desparramarse a sus anchas. Son casi los únicos que nos ofrecen este simulacro de otoño y muchas veces ni siquiera reparamos en ellos enfrascados en  nuestros pensamientos, caminando deprisa, esperando impacientes en los semáforos… ¿Dónde nos aguarda el otoño en esos momentos? 

   Os propongo un pequeño esfuerzo para que lo descubráis en estas fotos en las que he intentado atraparlo al paso. El reflejo del otoño que se queda enganchado en las cristaleras de los modernos rascacielos, en los escaparates, camuflado entre los anuncios del mobiliario urbano, en los retrovisores de las motos y los parabrisas de los coches. En días suaves y claros deslumbrándonos en la quieta superficie de una fuente y en los siseantes días de lluvia, brillando en las chorreantes hojas.
  
Hojas caídas que van punteando el otoño en las aceras, amontonadas en los rincones, bailando al son de los coches que pasan veloces por la calzada, aplastadas y pisoteadas por cientos de apresurados pies, naufragando en fangosos charcos que a veces sin darnos cuenta nos hacen un guiño especial.


   No era mi intención buscarle la mejor pose a este otoño de ciudad, si no tomarlo desprevenido, mostrarlo en el ajetreo de las calles comerciales, en las prisas por llegar al trabajo. Así ha salido muchas veces un otoño movido, desenfocado, en ángulos extraños, llevado por el azar de la cámara del móvil disparada de cualquier forma. Muchos disparos fallidos y borrados, pero también muchos azares venturosos. A veces se ha hecho imprescindible parar y, a riego de ser tomada por loca de remate, encuadrar y disparar, incluso debajo del paraguas, haciendo equilibrios con el móvil, menos mal que en estos tiempos la gente fotografía hasta lo más absurdo sin despeinarse. El vídeo que os dejo hoy es vivo ejemplo de ello, sin duda alguna.

  Aunque, climatológicamente, ya nos hayamos metido en el invierno, aprovechemos para echarle un último vistazo al otoño y despedirnos de él, incluso tratándose de un otoño de ciudad, envuelto en grises y cristal, acabaremos pensando en tonos rojos y dorados. Espero que la música de Ed Sheeran lo hago más agradable. 

¡¡Haced la prueba y ya me contaréis!!


video



viernes, 12 de diciembre de 2014

Mucho más grave de Mario Benedetti

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte,
cuando digo todas las parcelas,
no me refiero solo a esto de ahora,
a esto de esperarte y aleluya encontrarte,
y carajo perderte,
y volverte a encontrar,
y ojalá nada más.
No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llorá.
Y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizás por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero a solo a que día tras día,
aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades,
o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias,
o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.

No.
La cosa es muchísimo más grave.

Cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo,
también estas reescribiendo mi infancia,
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebran,
y vos en cambio sabés que eso no sirve.
Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia,
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos,
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo,
mi germen de alegría y regarlo mirándolo.
Quiero decir que estás sacudiendo mi juventud,
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos,
esa sombra que nadie arrimó a su sombra,
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas,
y quede la armazón de mi verdad sin proezas.
Quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia,
este extraño confín de angustia y nieve,
esta bujía que ilumina la muerte,
este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave,
Muchísimo más grave,
Porque con estas y con otras palabras,
quiero decir que no sos tan solo,
la querida muchacha que sos,
sino también las espléndidas o cautelosas mujeres
que quise o quiero.



Si tenéis un rato, no os perdáis el vídeo, merece la pena escucharla recitada por el propio poeta y acompañada por la música de Alfonso Maya.