¿Quedamos a tomar café?

Yo me dispongo a tomarme algún que otro cafetito mientras tecleo, intentando pensar con cada sorbo y escribir entre uno y otro disfrutando de un momento especial en el que pueda volcar ideas, opiniones, sobre libros, música, imágenes, dar rienda suelta a algún que otro desvarío, desahogar algún grito, espero que también algo de humor, a través de esta gran ventana virtual.

Abierta queda. Si alguien quiere tomarse un café conmigo bienvenido sea.

sábado, 28 de febrero de 2015

Viernes (casi) de viaje -XIV- ¡Y qué bonita es!


Toca viajar. Viajemos. Cargados de ilusión, ligeros de equipaje. Sin billete de ida, menos aún de vuelta. Sin control de pasajeros. En la mochila todos los colores del arco iris y alguno más. Con las alas en los pies y una humeante taza de oloroso café en las manos. Un solo paso hará que se abran las puertas. La aventura tan sólo necesita un ligero soplo de ánimo para ponerse en marcha.
¡Sopla conmigo!

 Que no os asusten los caminos sinuosos, los empinados senderos y las angostas carreteras. Un pequeño paso, un salto, un batir de alas y sin darnos cuenta estamos en el pico de una alta montaña, asomados al mundo, mirando cara a cara a las nubes, tocando el cielo y las estrellas con la punto de los dedos.


Por el tobogán de los sueños nos deslizamos hasta un profundo barranco siguiendo la pista del curso del agua, que ora se esconde, ora se asoma a refrescarnos y guiarnos.




Ahora con un simple parpadeo nos adentramos en un antiguo, húmedo y fragante bosque... 

 o nos asomamos a un lujurioso y verde valle donde las nubes se cuelan a escuchar el sonido del agua que corre por sus entrañas.


Venga, sin miedo, vamos a seguir el curso de ese río subterráneo y seguro que nuestro esfuerzo se verá recompensado.
¿Lo veis?
Negra tierra. Árida, seca, quemada tierra negra. Lava de mil coladas se desparrama hacia el mar. 






La imaginación se dispara ante el paisaje lunar y un amago de vértigo nos acomete al borde de la caldera del volcán. ¿Está dormido? ¿Se despertará rugiente si hacemos demasiado ruido?


Por si acaso mejor seguimos nuestro paseo por este país de los sueños.

Media vuelta y la arena negra de una playa cruje con nuestras pisadas y un mar inmenso se acerca a saludarnos. Venga ¡de cabeza al agua! 



Que gozada, que fresca, que gusto secarse después bajo la caricia del sol. Estamos solos, es un privilegio que hay que aprovechar. Nos quedamos un ratito.














¿Habrá puesto el hombre el pie en esta hermosa tierra? Por supuesto, ya no quedan paraísos inexplorados. 


También aquí ha plantado casas y calles y en dos palmadas estamos ante ellas. 

Bueno... ante una digna muestra al nivel de la aventura por la que estamos transitando.
Si sois de los que necesitáis ver y tocar para creer, estáis de suerte, porque todas estas maravillas se pueden pisar, tocar, oler y sentir. Y para colmo de la fortuna una pequeña superficie las concentra a todas. ¿Ya la conoces?

Pues venga, bajad de las nubes y decidme donde transcurre la aventura de hoy.

(Recordad que pinchando en las imágenes podéis verlas en su tamaño original y disfrutarlas mejor)

lunes, 23 de febrero de 2015

Soy un círculo. ¿O no?


Siempre me ha gustado ser un círculo.
Creo que siempre he querido ser un círculo.
Sin aristas, ni ángulos.
Equilibrado, fluido, sencillo y sin recodos.

No es nada fácil serlo y supongo que a veces mi línea no es tan perfecta como quisiera. Seguro que se ondula, se estira, se encoge…  bueno, no todos los días puede uno estar en plena forma y todos tenemos nuestras debilidades y defectillos.
Por eso nunca he reparado en exceso en determinados comentarios como:
-Lima ese pico que rascas.
O en otros oídos al vuelo en los que detectaba cierto tonillo malicioso:
–Mira ese que tieso va.

Me parecían hechos a la ligera, o deformados por la esencia del paralelogramo acusador.
Yo me miraba en mi espejo y seguía viéndome tan redondito como siempre. Cierto es que con los años uno se descubre ciertas imperfecciones, pero yo me echaba un ojo por dentro y por fuera y en todo momento veía la línea curva que me formaba.

El otro día, sin embargo, en una conversación como tantas, hubo quien se quejó de que era demasiado cuadriculado. ¡Cuadriculado yo! Que había que ser un poco más flexible. ¡Poco flexible! ¡Pero que dices hombre!, ¿es que no tienes ojos en la cara?

Mi primera reacción, la verdad, es que fue de enfado. Pero con el paso de los días he ido reflexionando y me ha parecido que o bien han aumentado mucho las voces que sugieren mi carácter cuadrado o yo reparo más en ellas y el caso es que en los últimos tiempos he empezado a preocuparme un poco. Tantos comentarios e insinuaciones sobre mi inclinación a la cuadratura han sembrado cierto desasosiego en mi interior, haciéndome dudar de mí mismo.

Yo me miro, me veo sinuoso y ondulando, pero… no puedo dejar de reflexionar.
¿Es posible que mi deseo empañe mi razón?
¿Será la envidia la que habla por boca de los otros?
¿Puedo achacar todas las alusiones a mi condición de cuadrado a la maledicencia ajena?
¿Es posible que ellos estén en lo cierto y sea yo el equivocado?
¿El número de voces declarando mi cuadratura es suficiente para abdicar de mi redondez?

Sinceramente estoy desconcertado, confuso, vivo en una indecisión permanente en la que ya no se quien soy.

Yo me veo como un círculo. Pero si todos me ven como un cuadrado quizá sea porque en realidad soy un cuadrado.

¿Podéis ayudarme? ¿Vosotros qué pensáis? ¿Somos como nosotros nos vemos o como nos ven los demás? ¿Qué imagen estará más cercana a la realidad? Es más… ¿hay una sola imagen verdadera o somos un confuso montón de imágenes más o menos deformadas por los ojos que miran?


¿Círculo o cuadrado? 


domingo, 15 de febrero de 2015

Colores de invierno


Luz del norte sobre el lienzo
Colores de invierno en la paleta

          Sonrisas azules, verde mar
                        Pinta diciembre
                         Mañanas de azúcar

Cantan mar y cielo
Bailan olas y espumas
Corren nubes de caramelo

                 Ventosa tarde

                     Playa de enero

lunes, 9 de febrero de 2015

Tocado y hundido


El crudo invierno, 
galernas trae.

Enero enseñó los dientes
y febrero afila sus uñas. 

Vientos feroces aúllan
retorciendo cobres
para martillear mi cerebro
con su constante y zumbón
repiqueteo.

Sin descanso, 
sin denuedo,
a brazo partido lucho 
con incomprensible demandas
con interminables quejas
que retumban cual trueno 
iracundo dentro de mi cabeza.

Hora tras hora,
chupan mi aliento, 
sorben mi seso,
agotan mis músculos,
embotan mi mente,
para escupirme 
tras el largo día
cual mísero despojo
sobre la tarde fría.

Aterrizo desmadejada
balbuceante y
aturdida sobre 
el blando musgo del sofá-matriz 
que acoge cálido mis tristes huesos.

Ni asomarme a la ventana puedo,
ni a ver el cielo azul llego.
Pues tan maltrecha quedo
tras el temporal que me sacude
en estos hostiles días
que apenas alcanzo a tapar agujeros,
y a achicar agua del barco que cabecea.

Y si mi físico queda tocado,
hundido queda mi entendimiento.
Que incapaz de hilvanar coherencias
comprensibles al lenguaje humano
no ha de hacer otra cosa
que replegarse hasta que
mejores tiempos lo alumbren.

Perdonen pues, sus mercedes,
estos, mis desvaríos.
A su alto entender 
y a su más grande comprensión 
me encomiendo.



                         Y hasta aquí puedo escribir. 

(Menos mal que nos queda la música)

martes, 27 de enero de 2015

El fieltro y la luz eléctrica

¿Tienen algo en común?  
¿Cambia la textura del fieltro con la luz eléctrica?  
¿Puede el fieltro ayudarnos a ahorrar en la factura de la luz?  
¿Cómo inciden el uno en la otra, o la otra en el uno? 

Un puñado de preguntas absurdas que solo tienen dos propósitos:


UNO: mover al desconcierto a todos los que acabáis de llegar con la sana intención de acomodaros en el salón con el café o el té en la mano, y os habéis quedado con la cucharilla en suspenso pensando si no será mejor salir corriendo (espero que la curiosidad haya hecho mella en vosotros y acabéis por meter la cucharilla en la taza y remover el azúcar).
DOS: una vez probado el líquido que sea y comprobado si está a vuestro gusto conduciros al objeto de la entrada, que bien podría llegarse a la conclusión de que es tan inútil como las preguntas formuladas al comienzo de la misma, pero que quizá podría llegar a alumbrar en vuestras mentes esa idea brillante que justo necesitabais para tapar, ocultar, disimular y en ultimo extremo incluso realzar el antiestético e ineludible cuadro eléctrico que protagoniza el recibidor de nuestras casas. 

No es que vayamos a descubrir la pólvora, ni siquiera la rueda o el fuego. Haber, hay en el mercado soluciones para ello, aunque no siempre es fácil dar con la que se ajuste a tus medidas. La ventaja, muy a tener en cuenta hoy día, que ofrece la solución que yo os traigo, es que es muy barata y muy sencilla y como diría un avispado vendedor, con muchas posibilidades de que cada uno lo acomode a sus necesidades y gustos personales. Yo no tengo intención de venderos nada, así que estoy fuera de toda sospecha, no voy a daros gato por liebre, lo que se ve, es lo que hay. Ni más ni menos.

¿Dónde están las palanquitas que nos dan y nos quitan la luz? 

Camufladas entre la maleza. 



Dentro de la etiqueta de aficiones que inicié con la entrada sobre la reconversión hoy os dejo mi versión de "tapadera" bajo la que disimular el dichoso cuadro eléctrico. 
Las posibilidades son muchas. Unos pliegos de fieltro que se ofrecen en una amplia gama de colores para combinar con el de las paredes o los muebles, una tijeras, cinta para tomar medidas, un poco de hilo de los bordar y....
¡que vuele la imaginación! 
Se pega a la tapa del cuadro con velcro y no estorba para abrirla y cerrarla cuando sea preciso. ¡¡Barata y entretenida!!

Si sois un poco más habilidosos que yo podéis convertir un "cuadro" eléctrico en toda una obra de arte. ¿Quien se anima con los trabajos manuales? 

miércoles, 21 de enero de 2015

El ojo implacable de la luna

Me da miedo la luna.
Soy pequeña, hace frío.
Camino por el largo y estrecho corredor.

El patio es un pozo profundo y oscuro.
Levanto la vista y allí asoma.... sobre el tejado. 
Me mira. 
Sigo caminando sin soltar la barandilla.
Su gran ojo blanco acompaña mis pasos.
No se despega de mí.
Camino y me sigue.

Rodeo el patio cada vez más rápido.
Su luz hace más profundas las sombras.
Intento no mirarla, pero cada vez que levanto la vista... 
allí sigue, 
mirándome con su pálida luz blanca,
impasible, acusadora.
Yo no debería estar allí,
en lo oscuro, 
sola.

Apenas unos pasos me separan de la puerta.
Corro sin mirar atrás,
el corazón me salta en el pecho,
Su latido atrona en mis oídos.
Estoy alcanzando la puerta,
ya no la veo,
pero siento su frío aliento en la nuca.
Un escalofrío me recorre de la cabeza a los pies.
Abro la puerta, doy un paso,
una cálida luz me envuelve,
un golpe de aire caliente golpea mi rostro helado.
Huele a sopa.









jueves, 15 de enero de 2015

Pena

Pena con pena y pena desayuno,     
pena es mi paz y pena mi batalla,     
perro que ni me deja ni se calla,     
siempre a su dueño fiel, pero importuno.     
Umbrío por la pena, Miguel Hernández.


¡Ay, pena! Llevas días rondándome. Te presentas cuando quieres, con razones o sin ellas.  Hoy... hoy bien sabes tú que no voy a esquivarte. Ven... que me cojo a tu brazo. Hoy serás mi compañera, pero esperarás paciente detrás de la sonrisa, sin asomarte por los ojos, sin enredarme las palabras... mientras no estemos a solas. Esto es algo entre tu y yo. 

Cuando sea el momento te dejaré todo el espacio. Dejaremos que la música se instale entre nosotras. así nos entenderemos mejor. A mi me será más fácil soportarte y tu te irás más conforme. 

Deja que cierre los ojos. Así... 

¡Ahora escucha y déjame llorarte!



¡Cuanto penar para morirse uno!    
Umbrío por la pena, Miguel Hernández