Con
su blanca melena desordenada y la gastada túnica de faena llena de restos de
purpurina y cintas de colores, se incorporó trabajosamente y con los brazos en
jarras miró lleno de orgullo el enorme cargamento de regalos dispuesto para ser
repartido. Un año más parece que van a conseguirlo. Al empezar la tarea
siempre siente que es demasiado grande para abarcarla y aunque los años parezcan
pasan sin sentir, lo cierto es que los viejos huesos cada vez protestan más por
la sobrecarga de trabajo. Sin embargo la ilusión y la experiencia se encargan
de compensar el largo desgaste de los siglos.
El brioso camello de Baltasar lanza un par de berridos de
protesta que cesan de inmediato bajo la mirada severa de su dueño y con la
cabeza un poco gacha se coloca en el último lugar. Baltasar le recuerda lo
importante que es su puesto en la retaguardia, asegurándose de que nada se
pierda en el camino. Una labor que requiere a un animal joven y ágil, despierto
y rápido de reflejos, justo las cualidades que él posee. Entre uno y otro, el
siempre sensato, cabal y experimentado camello de Gaspar, no tiene prisa por nada, no se impacienta nunca y jamás se
pone nervioso. Es consciente de la tremenda responsabilidad que descansa sobre
su joroba y sólo piensa en cumplir con ella un año más.
Un poco más allá, una figura de melena castaña camina encorvada sin que parezca ir a ningún sitio. De este a oeste,
de oeste a este, pasos rápidos y nerviosos, murmurando incesantemente, agitando un montón de cartas que lleva en las manos. De repente se para sorprendido: interrumpiendo su paso se encuentran Melchor y Baltasar con los brazos cruzados.
-¡Pero bueno! -exclama con los brazos en alto- ¿Es
que no tenéis nada mejor que hacer que interrumpirme? ¿No veis lo ocupado que
estoy? ¿Cómo vamos a llegar a tiempo si os quedáis ahí parados como unos
pasmarotes? ¿es que siempre tengo que ser yo el que lo haga todo?
-Los camellos están dispuestos –contesta Baltasar
serio y tranquilo, sin alterarse lo más mínimo por los aspavientos de su colega.
-Los regalos también están listos –dice Melchor
con una sonrisa comprensiva, sacudiendo su vieja túnica con mucha calma- ¿Y tu?
¿Tienes ya preparada la ruta y hechos todos los cálculos
para que cada regalo llegue a tiempo a su destino?
-¡Por supuesto que sí! –con un rápido
movimiento de su mano izquierda desplegó un larguísimo rollo de papel lleno de
nombres, números y símbolos-Todo está aquí y aquí -dijo señalándose la
despejada frente con el índice de su mano derecha.
-¿Te has acordado de los niños que no saben escribir? ¿Y de los que no creen en nosotros? -le pregunta Baltasar.
-¿Acaso lo dudas? -contesta airado Gaspar, empezando a perder la paciencia -Están todos en mi lista: los mayores, los incrédulos, los que no tienen zapatos e incluso los que tienen demasiados, ¡TODOS!
-Venga queridos amigos, debemos confiar en que nuestra magia alcance para todos y que cada uno reciba algo de lo que desea o aquello que más necesite -interviene Melchor con autoridad zanjando la cuestión- Ya sabemos la dificultad que entraña nuestra labor y que a pesar de nuestra mejor voluntad no siempre lo conseguimos, pero recordad que los niños siempre son los más importantes. Sin ellos, nosotros no existiríamos. Su confianza, su ilusión y su fe, son nuestra fuerza y así debe seguir siendo. ¡Venga! vamos a ponernos manos a la obra que tenemos mucho trabajo por delante.
-¿Te has acordado de los niños que no saben escribir? ¿Y de los que no creen en nosotros? -le pregunta Baltasar.
-¿Acaso lo dudas? -contesta airado Gaspar, empezando a perder la paciencia -Están todos en mi lista: los mayores, los incrédulos, los que no tienen zapatos e incluso los que tienen demasiados, ¡TODOS!
-Venga queridos amigos, debemos confiar en que nuestra magia alcance para todos y que cada uno reciba algo de lo que desea o aquello que más necesite -interviene Melchor con autoridad zanjando la cuestión- Ya sabemos la dificultad que entraña nuestra labor y que a pesar de nuestra mejor voluntad no siempre lo conseguimos, pero recordad que los niños siempre son los más importantes. Sin ellos, nosotros no existiríamos. Su confianza, su ilusión y su fe, son nuestra fuerza y así debe seguir siendo. ¡Venga! vamos a ponernos manos a la obra que tenemos mucho trabajo por delante.
Gaspar un poco avergonzado por haber perdido los nervios bajó la cabeza y Melchor inclinando la suya en señal de
asentimiento y conformidad dijo:
-Bien, estamos dispuestos pues. Les daré a los
pajes las instrucciones para que empiecen a cargar los regalos.
-Yo iré a ver si los trajes están ya
preparados –dijo Baltasar- mis pajes estaban acabando de sacar brillo a las
coronas y cepillando mis babuchas.
-Id, id a ver –dijo Gaspar aún con el ceño
fruncido, pero dejando la irritación de lado- Mis pajes ya tienen sus
instrucciones y están preparados para salir en cuanto estemos listos.
Todos los años le pasa lo mismo. A pesar de
los largos años de experiencia, la enorme responsabilidad que recae sobre sus
hombros, la de hacer coincidir cada regalo con su correspondiente destinatario,
lo convierte durante unos días en un viejo gruñón e irascible, haciendo que sus
pajes tiemblen sólo con verlo cerca, los camellos se mantengan lejos de su camino
y sus colegas... bueno, ellos simplemente esperan el momento propicio para pinchar el globo,
sabedores de que el estallido no puede hacerles mella alguna.
Ahora Gaspar, con el semblante serio, reflejo de la preocupación por la tarea que les espera, pero ya más tranquilo, pasea con sus cartas y sus rollos de pergamino bajo el brazo, pasando revista a sus pajes.
Poco a poco, mientras recuerda las caras ansiosas de los niños que esperan, y la
ilusión con la que van a irse a dormir y las sonrisas y la alegría y la felicidad cuando
al levantarse vean los regalos que esperan... su gesto se va relajando, sus ojos
se dulcifican y una gran sonrisa le ilumina la cara. Un suspiro unánime se escapa
de las filas de los pajes. Su rey está preparado para la larga noche de trabajo.
En los confines del mundo, allá por el
oriente, donde el cielo empieza a cubrirse con su brillante manto de
estrellas, una comitiva está preparada para partir a cumplir el sueño de
millones de niños. Melchor se pone a la
cabeza, Gaspar da la orden de marcha, Baltasar vigila que nada quede atrás. Se miran y sonríen. Allá van. ¡¡Vaya noche les espera!!
























