¿Quedamos a tomar café?

Yo me dispongo a tomarme algún que otro cafetito mientras tecleo, intentando pensar con cada sorbo y escribir entre uno y otro disfrutando de un momento especial en el que pueda volcar ideas, opiniones, sobre libros, música, imágenes, dar rienda suelta a algún que otro desvarío, desahogar algún grito, espero que también algo de humor, a través de esta gran ventana virtual.

Abierta queda. Si alguien quiere tomarse un café conmigo bienvenido sea.

miércoles, 17 de octubre de 2012

la casa de Riverton



Mi primer contacto con Kate Morton, supongo que como el de la gran mayoría, fue a través de su novela El jardín olvidado.  Para cuando me decidí a leerlo ya le precedía su fama y probablemente eso jugó en su contra. No alcanzó las expectativas que me había creado. Me gustó, la historia está muy bien escrita y mantuvo alto mi interés hasta el desenlace  pero no me pareció nada excepcional. Estaba dispuesta a repetir con la autora y aunque ya estaba a la venta  Las horas distantes yo decidí probar con su primera novela La casa de Riverton. Me enfrenté a su lectura tras dejar pasar un tiempo desde El jardín olvidado y con unas expectativas menos desmesuradas. Me temo que la experiencia no solo no ha mejorado sino que me ha resultando directamente decepcionante.

La historia empieza con la escena final de una película. Esta película narra la historia de las hermanas Hartford y su relación con el poeta R.S. Hunter, que se suicida durante una fiesta en la mansión de Riverton en el verano de 1924.
La directora de la película se pone en contacto con Grace Bradley, que fue criada de la familia Hartford, para que le asesore sobre la recreación de determinados escenarios.
Grace, una anciana casi centenaria, al principio no quiere saber nada de ello, pero finalmente los recuerdos acaban haciéndose presentes y decide que es el momento de sacarlos a la luz. Para ello escoge grabarlos en unas cintas de casette que le enviará a su nieto Marcus.

A lo largo del libro se irán alternando la época actual con los recuerdos que constituyen el grueso de la historia.
Grace vuelve al año 1914 cuando con 14 años empezó a trabajar en la casa. Conocemos a la aristocrática familia Hartford y el personal a su servicio, las rígidas  costumbres de la época, la incidencia decisiva de la Primera Guerra Mundial en sus vidas y sobre todo se centrará en los hermanos Hartford de edad similar a la de Grace y especialmente en las chicas Hannah y Emmeline, tan unidas y tan distintas, sin olvidar por supuesto a Robbie Hunter, cómo entra en sus vidas y por qué tiene tan trágico final.
  
Esta parte de la historia que transcurre en el pasado y que es su cuerpo principal es la que he encontrado plana, insulsa y predecible. Como cuando ves una película que ya has visto antes y sabes lo que va a ocurrir a continuación, conoces los diálogos y anticipas cada una de las escenas siguientes. Quizá salvaría al poeta, R.S. Hunter, por ser el menos previsible, el menos tópico.
La parte de la narración que transcurre en la época actual, sin embargo, me ha gustado bastante mas.
La Grace anciana, consciente de sus limitaciones físicas pero con una mente despierta es mucho mas interesante que todos los personajes de la historia que recuerda. Las pinceladas que vamos descubriendo sobre la influencia que tuvieron esos acontecimientos en su vida posterior, su relación con su hija Ruth, con Silvia que es la persona que la atiende en la residencia en la que vive, su nieto Marcus por el que siente un gran cariño y a quien va a confiar sus secretos y también con Ursula la directora de la película con la que se establecerá una conexión muy personal.
Sin embargo este plano temporal tiene una presencia bastante reducida que no ha sido suficiente para compensar el tedio que me producía el resto de la historia. 

Finalmente quiero dejar claro que el libro está bien escrito, que me gusta la forma de narrar de Kate Morton, el manejo y uso del lenguaje es armónico y la lectura resulta ágil y fluida  Gracias a ello he leído el libro hasta el final pero no ha sido suficiente para mantener mi interés en la historia.
En definitiva el libro en conjunto me ha resultado aburrido, con el punto final lo único que he sentido ha sido alivio porque ya podía empezar con otro.

Esto no deja de ser una opinión muy personal. Seguramente habrá mucha gente que no coincida conmigo por lo que no pretendo desanimar a nadie que aún no lo haya leído y que haya disfrutado anteriormente con Kate Morton. Supongo que esa sensación que a mi me ha acompañado de historia conocida o reconocible no tiene por qué ser común y los personajes que para mi son insustanciales para otros pueden resultan originales o atractivos.
En cualquier caso creo que en conjunto es una historia menos lograda que la de El jardín olvidado y a pesar del desencanto tampoco descarto que algún día me decida a leer Las horas distantes. Quién sabe, a lo mejor a la tercera va la vencida.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia con Kate Morton? ¿Ya habéis leído las tres novelas?
Parece que Las horas distantes también va de secretos y las mujeres vuelven a ser las principales protagonistas, ¿me animáis a leerla?








domingo, 14 de octubre de 2012

¡Vivan los puentes!



Cada año por estas fechas espero la publicación del calendario laboral que regirá nuestros descansos el próximo año. En un  momento tomo nota de cuándo cae la Semana Santa, de qué fiestas son en lunes o en viernes y garantizan un fin de semana largo, qué otras aciertan a caer en jueves o martes y pueden dar origen a un puente y que posibilidades tendré de “pillarlo”, en mi caso es importantísimo ver como cae cada año el puente del primero de mayo porque seguido por el día dos, fiesta de la Comunidad de Madrid, puedes llegar a formar un puente de dos ojos que enlace un fin de semana con el siguiente.
Estos puentes que hacen que los poderes económicos del país se lleven las manos a la cabeza porque nos vuelven improductivos y que había que suprimir trasladando las fiestas a los lunes. No se como habrá sido en otras comunidades autónomas, en Madrid la única fiesta damnificada, que con la cabeza gacha ha tenido que tragar con su traslado, ha sido el día 19 de marzo, fiesta de San José o día del padre, que en 2013 se celebrará el lunes 18 de marzo. Bueno, los Josés y los padres de Madrid ya están acostumbrados a verse vapuleados porque el suyo es un día comodín, unos años es fiesta y otros no. El resto de las fiestas han quedado tal y como el calendario las ha colocado.
Las que caen en sábado, como el próximo 12 de octubre, podrían beneficiar a los trabajadores del comercio si no fuera porque los patrones del comercio decidirán que el fin de semana en el que haya una fiesta el sábado se abrirá el domingo.

¿Quién no ha aprovechado este día del Pilar para hacer una escapada? Porque en cuanto juntamos tres días libres salimos huyendo.
No se me ocurre una palabra mejor para describir la desbandada que atasca sin remedio las carreteras de las grandes ciudades. Si no fuera una huida necesaria no repetiríamos una y otra vez la misma experiencia agotadora y estresante del atasco de salida y del atasco de entrada.
Sin embargo aquí estoy un año más, incapaz de resistirme a salir de mi ciudad, a cambiar mi paisaje, a respirar otros aires. 
Estas fechas son estupendas para viajar. El tiempo es suave y los días aun son largos. Casi sin pensar me vienen a la cabeza un montón de sitios ideales para perderme estos días.


Noja, Cantabria. Paseo a la caída de la tarde. Yo creo que merece la pena ¿no?

Y cada salida, cada viaje, cada coche que sale a la carretera supone dinero, gastos e  ingresos, el dinero se mueve, cambia de manos, los que aún pueden y están dispuestos a gastar harán que otros puedan seguir con sus negocios: hoteles, restaurantes, casas rurales, talleres, empresas de multiaventura, tiendas de artesanía y regalos, etc., etc.  

Y si el negocio del turismo gana, también el estado verá aumentar sus ingresos gracias a los impuestos, la mayor parte del dinero que pagamos por la gasolina va a parar al estado, en cada factura de hotel, de restaurante nos cargarán el IVA que va a parar al estado. Ayuntamientos e iglesia se benefician de la venta de entradas a monumentos de titularidad pública o religiosa por cada visitante que decide conocer por dentro, además de por fuera, las ciudades o pueblos que elige como destino de sus días libres.
Incluso si elegimos ir al pueblo a pasar estos días, además de la inevitable gasolina o el billete de autobús o de tren o de avión, el dueño del bar se sentirá feliz cuando vayas a tomar el aperitivo o a comer el domingo antes de volver a casa.

Las fiestas, los puentes, significan dinero para los negocios de ocio, turismo y hostelería y una válvula de escape para los que estamos sujetos a la rutina laboral, escolar, doméstica, de lunes a viernes, de 9 a 5, de la mañana a la noche.
Es tal nuestra necesidad que aún sabiendo lo que nos espera en la carretera, cerramos nuestra maleta con una sonrisa bailando en la cara anticipando la aventura grande o pequeña que nos espera, aunque sea el anhelado descanso en la casa del pueblo y que nos ayuda a pensar que hay algo mejor más allá de nuestro limitado horizonte diario.  

El ocio de unos es el negocio de otros. Todos salimos ganando. Que no nos quiten los puentes ¡¡¡POR FAVOR!!!

"La luz del día empieza a menguar. En la larga fila de coches que nos preceden se encienden en cascada las luces de freno, vamos a volver a parar. Suspiro resignada, miro el reloj, miro la placa kilométrica que ha quedado justo a la altura del coche, todavía queda mucho para llegar a casa. Mi cabeza empieza a calcular si tendré tiempo para poner una lavadora, repaso si el uniforme del cole del niño está dispuesto para el día siguiente, las comidas de la semana….
Todo vuelve a empezar."

viernes, 12 de octubre de 2012

Veinte poemas de amor de Pablo Neruda


Poema 5

Para que tú me oigas 
mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas. 

Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas. 

Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. 

Ellas trepan así por las paredes húmedas. 
Eres tú la culpable de este juego sangriento. 

Ellas están huyendo de mi guarida oscura. 
Todo lo llenas tú, todo lo llenas. 
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
 
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas. 

El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban 
Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. 

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. 

Voy haciendo de todas un collar infinito 
para tus blancas manos, suaves como las uvas. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

El asesino hipocondríaco


El asesino hipocondríaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel es un libro de los que muchos escogen para llevarse de vacaciones, yo sin embargo, lo leí un poco antes del verano porque a mi estas lecturas me gusta mas tenerlas a mano cuando me siento un poco saturada por las circunstancias y me sirven de válvula de escape o también para descansar de una lectura mas densa que me ha exigido un mayor esfuerzo de concentración.

Un par de días, bueno quizá tres, no vayamos a exagerar, me duró este libro. Fueron días de lectura ligera, divertida, ningún quebradero de cabeza me ha dado el libro, ni un mal pensamiento, simplemente dejarse llevar por el humor, por la sonrisa que aflora sin darte cuenta, que relaja y aligera el ánimo.

Muñoz Rengel nos plantea unas situaciones divertidas por absurdas, por exageradas, pero tan bien hilvanadas que resulta totalmente coherente de principio a fin.


Su protagonista, el señor Y, es un asesino que tiene muy a gala su profesionalidad, de tal forma que aunque no le quede mas que un día de vida y aunque le fallen las fuerzas y su cuerpo no de mas de sí, no puede de ninguna de las maneras dejar de cumplir el encargo cobrado por adelantado. Así un último día tras otro último día vamos asistiendo a sus múltiples y variados intentos por acabar con su víctima, frustrados de forma delirante por las enfermedades y síndromes mas tronchantes jamás descritos, sin cejar nunca en el empeño.
Entre intento e intento nos va relatando las curiosas enfermedades de ilustres y famosos personajes históricos que eran tan hipocondríacos como él mismo y que le sirven de guía y apoyo en su desgraciada existencia en la que se concentran todos los males del mundo, conocidos y desconocidos.
Poco a poco iremos conociendo a víctima y verdugo sin que en ningún momento tengamos que tomar partido por uno u otro. Asistiremos como espectadores privilegiados a su particular relación y es muy posible que acabemos simpatizando con ambos. A mí al menos es lo que me ha ocurrido.

Sí, es un libro de humor, pero dentro de lo que cabe esperar en un libro de éste tipo a mi juicio destaca entre otros del mismo género por la calidad de su narrativa y por la originalidad del argumento.
Seguramente no dejará una huella profunda en nuestra memoria, no nos marcará por los sentimientos que nos provoque su lectura o la profundidad de sus personajes, pero durante unos días su lectura colgará una sonrisa en nuestros labios, puede que incluso provoque alguna carcajada y reírse ¡sienta tan bien!

lunes, 8 de octubre de 2012

Fenómeno "móvil"


Hay dos cosas que en los últimos años han cambiado nuestras vidas, las de todos, de tal forma que ya no podemos concebirla sin ellas.
Una es el desarrollo y el acceso masivo a Internet y la otra el teléfono móvil.
De Internet habría mucho que hablar, por eso mi objetivo es mucho mas humilde y me quedo con el móvil.

El móvil es un aparato increíblemente útil.
Se acabaron los problemas a la hora de quedar con alguien, no pasa nada si no recuerdas exactamente si has quedado en la salida a Carretas o en la salida a Mayor porque se arregla con una llamadita rapita.
No importa si te acuerdas de repente de que el detergente no está en la lista de la compra porque puedes llamar a tu marido para que lo añada al carro (si ya está pagando en caja, mala suerte)
Si la niña parece que va tardando rápidamente coges el móvil y preguntas por donde anda.
Los técnicos de la caldera pueden avisarte en cualquier momento de que están en la zona cercana a tu domicilio y de que en cuarto de hora estarán en la puerta de tu casa para arreglarte la caldera (no importa que tu hubieras quedado con la empresa en que pasaran a partir de las cinco) y como el que está sin calefacción eres tu, sales pitando para llegar a tiempo.

Por otro lado es bastante interesante cuando viajas en un tren de Cercanías, por ejemplo, y alguien próximo atiende una llamada a su móvil, enterarte con pelos y señales de por qué se está retrasando y oírle mentir descaradamente cuando dice que ya está en Atocha cuando apenas hemos salido de la estación de Sol. 
O ver como la gente va aparentemente hablando y gesticulando sola por la calle. Antes pensabas  “pobre, se le ha ido un poco la olla”, ahora es más probable que alguien se dirija a ti para preguntarte una dirección y sólo cuando te mira con fijeza esperando tu respuesta caes en la cuenta de que te hablaba a ti, porque hasta ese momento das por supuesto que va hablando por el móvil.

En el tiempo sin móviles alguien llamaba a tu casa, no te encontraba y no pasaba nada, “habrá salido” y punto. Ahora si te llaman al móvil tienes que cogerlo no vayan a pensar que no lo atiendes porque te ha pasado algo o quizá tienen algo importantísimo que decirte.  La mayoría de las veces, sin embargo, lo que oyes al otro lado cuando coges la llamada es “¿por dónde andas, qué haces, cuándo vienes, por qué te retrasas, qué haces ahí, no has visto que tienes dos llamadas perdidas?”

Hay gente que no se desprende de él ni de día ni de noche, ni en el trabajo, ni en el coche (con o sin bluetooth), ni en casa: del salón a la cocina y de la cocina al cuarto de baño: “¿pero qué haces? ¿qué es ese ruido?” “ Pues que me has pillado en el baño, tío” ¿es necesario dar cuenta de todos nuestros pasos?


Pienso yo, ahora que tenemos las vacaciones tan recientes… si vas a pasar un rato a la playa, y quieres relajarte, darte un baño, un paseo, leer… ¿realmente no puedes pasar un par de horas incomunicado? 

En el caso de los mensajes solo una cosita.
Si no fuera por lo que me molesta admiraría  que haya gente capaz de estar manteniendo una conversación contigo y al mismo tiempo está escribiendo un mensaje en el móvil a toda velocidad. Si te callas esperando a que acabe te puede decir con mucho desparpajo que sigas, que sigas, que puede escribir mientras te escucha. Sea quien sea es una falta de respeto para el que habla, pero si un momento después te vuelve a dejar con la palabra en la boca para leer la contestación que le está llegando en ese momento, es el momento de levantarse y marcharse.

¿No corremos el peligro de que el móvil se convierta en un apéndice permanente de nuestros cuerpos? ¿o en un implante que hubiera que cambiar cada vez que se estropeara o saliera un modelo mejorado?

Y eso sin hablar de las otras utilidades que ahora ofrecen, que ahí no te controla nadie, pero no hace falta porque ya estás perdido, nunca más podrás separarte de él sin sentirte
desamparado.

Sé lo que alguno puede estar pensando: que es una cuestión de edad, que debo estar haciéndome mayor, y sí, sin duda voy siendo un poco mayor, pero tengo cerca gente tan mayor o mas que yo que sin su móvil se sienten perdidos.

Voy a tener que ir dejándolo porque acabo de oír un pitido lejano que bien podría ser de mi móvil que me avisa de que la batería se está quedando sin carga y ¡oye! que nunca se sabe lo que puede pasar y una cosa no quita la otra. En un momento de apuro nada mejor que un buen móvil a mano y con la pila cargada.

¡Pero dónde habré dejado yo el móvil!

viernes, 5 de octubre de 2012

Otoño


Parque El Capricho (Madrid)
Me gusta cuando al final del verano, conforme van acortándose las tardes, la tiranía del sol de agosto empieza a cederle espacio al aire mas liviano y fresco de las medianías de septiembre. Esa noche en la que de repente con un escalofrío echas mano de la colcha para volver a convertir la cama en nido ¡qué gusto! y que alivio las primeras lluvias que limpian el aire y nos traen el delicioso olor a tierra mojada.




Jardines de Aranjuez (Madrid)

Podemos conformarnos, si no hay nada mejor a mano, con un otoño urbano encerrado en los parques o serpenteando por calles y avenidas. Pero sin duda el otoño es para el bosque, como el mar es para el verano, la montaña para el invierno y los campos para la primavera.



Ver los rayos del sol jugando a pintar las hojas de los árboles antes de que algún viento travieso las haga volar por los aires y las lleve de aquí para allá enseñándoles un poco de mundo antes de caer agotadas al suelo. 

Si es posible nada es mejor que pasear por un bosque en otoño.

Si el día es claro y luminoso. Los suaves rayos de sol son una caricia y el contraste de luces y sombras un espectáculo. Nos acompaña el crujido de las hojas secas bajo nuestros pies y el murmullo de las que aun resisten en las ramas que se estremecen ante la mas leve brisa. El aire está limpio, fresco y apetece aspirarlo a bocanadas.
Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)





Si es gris y húmedo. Nuestros pasos se hacen blandos sobre la mullida alfombra del suelo. Las gotas de una lluvia liviana se nos prenden en el pelo o escurren hasta los bordes de las hojas donde quedan en suspenso atrapando la luz. Si cerramos los ojos podemos dejarnos llevar por el murmullo de la lluvia.
Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)




Valle de Baztán (Navarra)
Valle de Baztán (Navarra)
Y con sol o con lluvia siempre podemos jugar a buscar setas.








miércoles, 3 de octubre de 2012

El lector de Julio Verne



Voy a empezar por reconocer  mi debilidad por Almudena Grandes. Me gusta mucho esta autora. No lo he leído todo de ella, pero sí lo suficiente como para tener clara esta preferencia. No todo me ha gustado igual, pero mas de uno hay ocupando alguno de los primeros puestos en mis lecturas favoritas, de esas que dejan huella. 
Lo esperaba con ganas,  anticipando desde su publicación el disfrute que me prometía.
No fui corriendo a comprarlo. Dejé que se hiciera desear y esperé a la Feria del Libro para tener la oportunidad de felicitar a la autora por su trabajo y de paso llevarme su firma estampada en mi libro.

Tras comprarlo tampoco empecé a leerlo de forma inmediata, lo dejé cuidadosamente en la estantería a la espera de que llegara el momento de meterlo en la maleta. Tenía decidido que iba a acompañarme a la playa, quería que en sus páginas se mezclaran el olor de la tinta y la sal y que, en las pausas que me tomara para dejar que se posaran las sensaciones, los sentimientos, las ideas que la lectura fuera provocando, mis dedos  juguetearan con la arena y mi mirada se perdiera mar adentro.

Aunque parece evidente mi buena predisposición hacia él, también tenía mis reservas. Con Inés y la alegría no había acabado especialmente satisfecha. No quiero entrar en detalles que ahora no vienen al caso. Sólo comentar que el libro me gustó pero no tanto como otros anteriores, quizá porque cuando las expectativas ante un libro son muy altas se lo estás poniendo, de entrada, muy difícil.

No sé bien si es por haberlo tomado con cautela o por el escenario amable de las vacaciones, el caso es que El lector de Julio Verne ha pasado a ocupar un lugar destacado entre mis preferidos.

Desde las primeras páginas Nino se hizo un hueco dentro de mí y creo que no se marchará nunca. Es uno de esos personajes entrañables que por mucho tiempo que pase siempre los recuerdas con ternura.
Que veamos esta historia a través de sus ojos es lo que marca todo el tono del relato, porque Nino es un niño de 9 años al que le ha tocado vivir en una época muy difícil de nuestra historia y al que veremos crecer y madurar a lo largo de los tres años por los que transcurre, entre 1947 y 1949.

El guerrillero Cencerro y su leyenda, la lucha de la Guardia Civil por acabar con los guerrilleros de la Sierra Sur, la vida en una casa cuartel donde las cosas son mas difíciles de lo que cabría pensar. El día a día en un pueblo en permanente tensión.
En medio de todo esto, Nino es el Canijo, tan bajito que parece que de mayor no va a dar la talla para entrar el en Cuerpo y su padre, preocupado, se encargará de que le den clases de mecanografía que le sirvan el día de mañana para colocarse de oficinista. Pero Nino lo que quiere es ser como su amigo Pepe el Portugués que desde que se instala en las afueras del pueblo y a pesar de la diferencia de edad se convierte en su mejor amigo, en su camarada, en su confidente. Un personaje Pepe que desconcierta al joven Nino, que no acierta a comprender por qué ante el resto del mundo quiere aparecer como un hombre simple, insignificante y que no quiere líos, cuando él va descubriendo día a día, detalle tras detalle que el Pepe con el que él trata  es un hombre completamente distinto.

Hay muchos otros personajes que se van perfilando ante nuestros ojos  para hacernos sentir la atmósfera en la que se mueve la historia de Nino pero ninguno como Doña Elena. 
Doña Elena era maestra antes de la guerra y sin poder ejercer ahora su oficio malvive en un cortijo cercano al pueblo junto con Las Rubias, todas mujeres, solas, rojas. Su vida es de todo menos fácil y están marcadas por la pérdida del marido, del hijo, del hermano. A ese cortijo, donde no es bien recibido, sube Nino para recibir clases de mecanografía.
Afortunadamente doña Elena vive en una casilla aparte, una casilla que contiene un tesoro. Allí hay mas libros de los que Nino ha visto nunca y la esperanza de que Doña Elena le permita leer la colección de Julio Verne será el motor que impulse a Nino a sobrellevar el tedio de la mecanografía. 
Durante el tiempo que duran las clases Nino se sentirá un ser afortunado, feliz, y esas semanas se convertirán en el mejor recuerdo de su infancia, porque Doña Elena no sólo le enseñará mecanografía sino que le enseñará muchísimas mas cosas, le contará historias, aprenderá palabras en otros idiomas, poesía, literatura y sobre todo le enseñará otra forma de ver el mundo, con otros ojos. A través de sus historias y de las historias que le cuentan los libros Nino podrá evadirse de la realidad que le rodea y se despertará en él una curiosidad insaciable por saber más, por conocer más.
Con la complicidad de Pepe el Portugués y el carácter sereno y tranquilo de Doña Elena crecerá la semilla que con el tiempo dará forma al hombre que Nino llegaría a ser.

Son muchas las cosas que vivimos y descubrimos con Nino hasta que la historia dé un vuelco que pondrá fin a su infancia, a un tiempo que ya nunca volverá a ser igual y a nosotros nos dejará un sabor agridulce, un pequeño nudo de emoción en el estomago y  finalmente una sonrisa de comprensión, de entendimiento.

No se si he conseguido transmitir lo mucho que me ha gustado, que es una historia en la que me he metido a fondo para sentir con Nino lo que podía ser la vida en ese tiempo, en ese lugar, en esas circunstancias.

Almudena Grandes me ha vuelto a demostrar de lo que es capaz como narradora y yo no puedo hacer otra cosa que rendirme a su talento. Y esperar con calma el siguiente.