¿Quedamos a tomar café?

Yo me dispongo a tomarme algún que otro cafetito mientras tecleo, intentando pensar con cada sorbo y escribir entre uno y otro disfrutando de un momento especial en el que pueda volcar ideas, opiniones, sobre libros, música, imágenes, dar rienda suelta a algún que otro desvarío, desahogar algún grito, espero que también algo de humor, a través de esta gran ventana virtual.

Abierta queda. Si alguien quiere tomarse un café conmigo bienvenido sea.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Gran exposición: Un año tomando café; 15 tazas únicas


  Adelante amigos, hoy es vuestro día. El momento y la forma de agradecer vuestra compañía y apoyo a lo largo de este año. Gracias a los que lleváis conmigo mucho tiempo porque vuestra fidelidad me da confianza. Gracias a los que os habéis incorporado recientemente porque me dais la oportunidad de seguir avanzando. Gracias a los que venís de forma silenciosa y os acomodáis siempre en vuestro sillón favorito. Gracias a los pasáis de vez en cuando porque cada visita le da sentido en ese momento al post visitado. Gracias a los que habláis mucho porque me dais la oportunidad de compartir con vosotros mucho más que un café y gracias también a los que habláis poco pero me hacéis sentir que puedo contar con vosotros.

   Gracias finalmente y de forma muy especial a los que con vuestra ayuda habéis dado sentido a esta celebración, prestándome vuestras tazas a ciegas, por la confianza demostrada, por el interés puesto en las fotos y el tiempo, por pequeño que sea, que os haya podido robar. Gracias por acompañarme aquí arriba, de forma activa, construyendo este espacio.
(No os olvidéis de coger un pastel para el camino)

   Y basta de palabrería, dejemos hablar a nuestras tazas, que sirvan para que todos nos conozcamos un poquito mejor. Espero que las encontréis favorecidas, en caso contrario que el peso de la crítica caiga sobre la responsable del montaje.

   Permitidme que sean las anfitrionas las que abran el desfile, por varias razones, primero porque romper el hielo no es fácil para ninguna y creo que ese responsabilidad debe ser suya y en segundo lugar porque

¡¡¡no quiero oírlas más!!!


   -¡Ponte derecha! ¿no ves que estás muy torcida? Siempre dando la nota. No, si al final nos llevaremos la bronca por tu culpa.
   -¡Calla de una vez, pesada! ¿No querías que se te viera bien? Pues toma primera fila.
   -¡¡Chiiissss!! Que ya nos toca, joder.
   -Ahí va, que ya nos ha sacado, ¡nos están mirando todos!

Así son ellas, siempre peleando, pero en el fondo se quieren porque llevan mucho tiempo siendo compañeras de gancho. Las pequeñitas, esas que casi tienen borrado el dibujo y alguna mella llevan la mitad de mi vida conmigo. Son las últimas supervivientes de todos los cafés de sobremesa desde que tengo casa propia. Es mucha carga esa ¿no creéis? Además ya sabéis que con la edad nos volvemos un poco cascarrabias. Las grandes no son tan viejas, han sustituido a las sustitutas de las sustitutas a lo largo de los años. No he querido decírselo antes pero la verdad es que se merecen ser las primeras porque en ellas he estado tomando café a lo largo de todo este año. Han compartido los buenos y los regulares momentos del blog a mi lado y forman parte de este espacio tanto o más que yo.
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1.- La elegancia nos llega del otro lado del Atlántico con esta tacita que la nuera de Rafaela, guatemalteca, le ha traído desde su tierra. Y Rafaela, con muy buen gusto, la ha colocado sobre un mantelito precioso, en una composición en la que se realzan mutuamente.

Creo que esta imagen nos dice mucho de Rafaela, del gusto por el detalle, de su forma de ser; como su blog, en el que nos habla de sus cosas, de sus recuerdos, de lugares y personas, con un estilo sencillo y cuidado, cálido y cercano. Como yo creo que es ella, y no lo digo a la ligera, porque Rafaela y yo hemos compartido muchos cafés a lo largo de este año, ya que ella fue la primera persona que traspasó la puerta de este rincón para tomarse un café conmigo. Por eso he querido que también hoy sea su taza la primera,  perdón, me soplan desde atrás que son las segundas (vosotras no contáis, tontuelas), insisto, la primera de la exposición.
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2.- Esta taza tan coquetuela con ese café cremoso que me hace desear uno cada vez que lo veo, me la ha dejado Vanedis

Aunque tiene la desfachatez de vivir en un pueblo de la costa y no ir ni un solo día a la playa se lo perdono porque casi sin conocerme, no sólo no dudó en enviarme su taza sino que fue la primera en llegar. Aún no hemos tenido tiempo de charlar mucho, apenas un par de cafés hemos compartido, pero veréis que es otra fanática de los libros y seguro que encontráis estupendas recomendaciones en su blog.
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 3.-Se lo perdono porque es Kafeto y porque con esa elegancia y ese nombre no me queda otro remedio, pero le ha quitado todo el protagonismo a la taza y al gato de la taza que es una preciosidad ¿Celos de gato? Sin ninguna duda.

Mi amiga Koncha como parte responsable de que yo me metiera en este jardín, merece una mención especial. Sus palabras animándome a abrir mi propio espacio, que al principio resbalaron como si estuviera hablándome de ir a dar un paseo por la luna, fueron calando poco a poco en mí hasta llegar a plantearme que quizá no fuera una locura tan descabellada. Ella ya llevaba un tiempo poniendo la letra, sus letras, Desde Vallekas, ofreciéndonos la fuerza de sus ideas, de sus convicciones, de sus valores y sus sentimientos, en prosa y en verso, sobre todo en verso, porque mi amiga Koncha es poeta y si aún no la conocéis haríais mal en no pasar a conocerla.
No sé si ahora piensa que el tiempo le ha dado la razón, no voy a ponerla en el compromiso, me basta que sigamos tomando cafés dentro y fuera del ordenador y que su taza esté aquí representándola.  
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4.- A esta pobre le ha tocado cargar con el sobrenombre de “la rara”. Ella no se ofende porque sabe que todo lo original se tilda inmediatamente de raro. Está orgullosa, y no es para menos,  de su procedencia y de que se le note en la línea.

La más extravagante de la colección viene de la mano de Las Gemelas del sur que junto a varios compañeros, (Amparo Puig y Emilio entre ellos),  nos dejan Calados hasta los versos en un espacio muy variado y ameno, lleno de pequeñas y grandes historias, música, vídeos y cortos muy bien presentados, fotografías geniales y por supuesto, versos. Probad a calaros, seguro que os gusta. 
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5.- Desde la taberna, de los Valaf de toda la vida, me llega este bodegón tan aparente, aunque en su composición veo la mano de Mari, ¿me equivoco?

¿Qué no conoces la taberna Eärendil? No tienes perdón, no encontrarás por mucho que busques otra igual, que digo igual, ni parecida. Un lugar donde la estética se combina con el humor, y el humor con la imaginación, y la imaginación con la música, y la música se llena de imágenes y a las imágenes les sigue la poesía. Un lugar de encuentro entre amigos, entre risas y bromas.  Y cuando estés un poco cansado del bullicio de la taberna, acuérdate de pasar por Elbereth, el rincón privado de Mari, donde  siempre encontrarás serenidad y belleza. 
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6.- Charo nos deja una historia triste junto a su sencilla y hermosa taza. Fue un regalo de su pareja que la compró blanca porque quería pintarla para ella. Sin embargo una enfermedad le impidió realizar su deseo y la pequeña taza quedo blanca para siempre. Ahora esa taza tiene el valor de las cosas muy, muy queridas y Charo, que prácticamente no se separa de ella, me la envía muy bien arropada para que no se sienta sola en un lugar extraño. Las tazas mayores la han apoyado mucho y yo creo que se lo ha pasado bien porque anoche la oí reírse.

Es el blog de Charo un lugar amable, lleno de sensibilidad y belleza, en el que conjuga su afición a la fotografía y su pasión por escribir. Nos cuenta historias, escribe poesías, nos dejas fotos preciosas y mucho más. No dudéis en pasar a conocerla, encontrareis a una buena amiga esperándoos.
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7.- Otra taza que ha traspasado fronteras. Esta vino desde Irlanda, se la trajo a Framboise su hija, para que “desayunara” con ella mientras pasaba una nueva temporada por aquellas tierras y transcribo literalmente las palabras de Framboise: “Los hijos no saben que las madres no necesitan esas cosas para acordarse de ellos cada día “

Como si fuera de mi niño la he cuidado, Framboise, te la devuelvo metida en una de tus Pompas de jabón.
Os recomiendo a todos que os dejéis llevar por esas pompas de jabón que sopla Framboise, están llenas de pequeños tesoros, de misterios, de extrañas aventuras, atrapan los colores y tiñen de magia las palabras. Seguro que no sois capaces de acabar de leer un post suyo sin una sonrisa en los labios, os apuesto lo que queráis.
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8.- Psicodélica y marchosa, me ha traído a todas las demás de cabeza, siempre con ganas de jugar y cantar. María Pilar me la envió ya vestida de fiesta, así que Mickey no ha dejado de preguntar ni un momento cuanto faltaba para el cumpleaños.

Se nota que esta taza lleva mucho tiempo Observando la vida, pegada al ordenador, que ha compartido muchas de las historias y relatos que María Pilar nos deja: sorprendentes, divertidos, con intriga y misterio, fantásticos o reales como la vida misma. Muchas ganas y grandes facultades para contar. No me extraña que la imaginación de esta taza ande un tanto desbordada.
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9.- Este es el díscolo, otro raro, como la taza torcida, más raro aún, no tiene asa y es transparente, ¡se le ve todo! Pero esbelto y seguro de sí mismo ha coqueteado con todas, como único gallo en el gallinero. Lo envía Margari, que sólo bebe el café en vaso y disfruta especialmente el primero de la mañana, con la casa en silencio, a solas con sus pensamientos.

No sé si hay alguien que no conozca a Margari, me admira su capacidad para llegar a todo y mira que no me gusta a mi contar, pero si me pusiera a ello, estoy casi, casi segura de que es la que más ha hablado en este blog desde que llegó hasta aquí el primer día que abrí las puertas. Lo cual le agradezco muchísimo, porque siempre viene de buen humor y se nota que además de hablar, le gusta escuchar. Antes de iniciar esta travesía ya me encantaba pasar por Mis lecturas y más cositas, un sitio de referencia si lo que buscamos son reseñas de libros, poesía y más cositas que hay que descubrir. No os lo voy a contar yo todo. 
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10.- Bettie Jander me ha prestado su taza del desayuno, ¡con el desayuno incluido para dar envidia! Café con leche y pan con mermelada casera que prepara su padre. Dice que se siente afortunada. No es para menos, la mermelada debe estar deliciosa sobre todo si viene aderezada con el mimo de papá.

Con ese comienzo del día no me extraña que luego prepare un Cuaderno de retales variado y colorista, vivo, dinámico, triste o alegre según venga el día. Cada pedazo cuidadosamente cosido a los demás para formar un cuaderno muy personal, que da gusto leer con ella.
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11.- Ahí donde la veis impone respeto, eh, porque es la más grande de todas. Cuando las otras levantaban demasiado la voz o hablaban todas al mismo tiempo, alzaba la vista un momento y se callaban todas acojo…, digo… asustadas, es que es mucha taza y mucha presencia. Todo apariencia, la verdad, lo único que quería era un poco de paz para poder leer. 

Es a lo que está acostumbrada en casa de mientrasleo, donde llena de café sólo y Entre montones de libros, pasan largas tardes acompañándose mutuamente mientras leen. Libros y más libros, un día y otro, con un estilo muy personal, ni breve ni exhaustivo, que consigue que te hagas una idea clara de qué puedes esperar o encontrar en el libro que se trae entre manos. Sus estanterías son de las más concurridas de este universo bloguero y otro de mis sitios de referencia anterior a mi entrada en él, por eso también fue de los primeros visitados cuando abrí estas puertas y ella a pesar de tener siempre tantos visitantes y tantas visitas que hacer no dudó en pasar a conocerme desde el primer día y así ha seguido siendo durante todo este año. Sé que puedo contar con ella en cualquier momento para charlar sobre los libros que tanto nos gustan o sobre cualquier otro tema mientras compartimos sin prisas una taza o tazón de café.
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12.- Piruja tiene debilidad por los gatos, añora al que la acompañó durante muchos años y cuando uno la mira aunque sea desde una taza no puede resistir llevárselo a casa, así se metió éste en su casa y la acompaña en sus desayunos.


¿Habéis visto hoy las noticias? No cuentan nada bueno, por eso, 9 de cada 10 personas sensatas recomiendan al menos una dosis diaria de fantasía para conservar el pleno uso de sus facultades mentales y Piruja, que es la brujilla más generosa y encantadora de estos contornos y de los de más allá, la reparte gratis en su blog. Leyendas y cuentos que busca aquí y allá, que trae de países lejanos y del cuarto de la abuela para dejarnos esos polvitos mágicos que nos ayudarán a verlo todo de hermsoso colores. ¡Tomad nota! 
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 13.- Yo casi esperaba una taza con una Mafalda despeinada impresa en ella, jaja, pero no, Marilú me envía una parejita muy bien avenida, inseparables, la envidia de todos los corrillos, son monísimas ¿verdad?
Al parecer cuando Marilú se enamora de una taza, y estas son de flechazo, las compra a pares, por si una tiene la desgracia de sufrir un accidente pueda tener otra igual que  le consuele por la pérdida. ¡Pero Marilú, no has pensado en las pobres tazas! en la soledad y lo mal que se sentirá la que quede en pie, cuando pierda a su amiga del alma. Yo, que las he visto estos días, te digo que no creo que fueran capaces de superarlo. ¡Vas a  tener que comprar media docena por lo menos!

En fin, Marilú se enamora de las tazas, de los libros, de los personajes de los libros y nos lo cuenta todo, todo, en su CuEnTaLiBrOs, con estilo desenfadado y muy original, jugando en muchas ocasiones a sugerir más que a proclamar, con un enfoque distinto y distintivo que hace que siempre vayas por allí preguntándote que sorpresa te espera hoy, y además, vas, y la encuentras. Simpática y sensible, nos bastó apenas un café para hacernos amigas, y ahora que llevamos muchos cafés tomados, muchos comentarios intercambiados y muchas risas compartidas, somos… o eso espero, grandes amigas.

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14.- Vaya pareja la que me envía Luis Miguel con un guiño especial. En mi vitrina tengo unas igualitas, igualitas y como podéis ver, también llegaron desde allende nuestras fronteras, como regalo de unos amigos comunes.

Por si no lo sabéis os cuento que la culpa de que hoy os esté dando la paliza es suya. Otro motivo más (el principal, realmente) para que le toque a él cerrar el recorrido. El día que Luis Miguel decidió abrir un blog para dar a conocer su libro de relatos, La sombra de las horas, empezó a cambiar mi vida sin que yo aún lo supiera. Yo vivía relativamente tranquila, ajena a este mundo virtual y su ajetreo, cuando al hacerme seguidora de su blog, El tiempo de Román, descubrí que aún me quedaban mundos por descubrir. Me enganché. Conocedor de mi afición a la lectura, pronto empezó a animarme a abrir mi propio espacio y junto con su hermana Koncha, contribuyó a que esos empujoncitos acabaran hoy aquí, tomando café con todos vosotros. Gracias Luismi. Aunque hay días en que dudo si debo dártelas o acordarme del día en que se me ocurrió abrir esa puerta.

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   No podéis imaginar la que se montó cuando les dije a las tazas de la cocina que serían las encargadas de abrir la exposición. Las del salón se pusieron en pie de guerra: que "a esto no hay derecho", que "nosotras también queremos salir", que "si no nos usas a diario es porque no quieres", que "qué culpa tenemos nosotras de estar aquí encerradas tras los cristales"… Que no me quedó más remedio que prometerles que ellas tendrían la oportunidad de despedir la exposición.

Nosotras somos las encargadas de las sobremesas en las reuniones familiares, del café de las celebraciones, acompañamos tartas y pasteles, copas de cava y licores, por eso no podíamos faltar en una fecha tan señalada como esta, hoy no es un día como los demás, hoy estamos de fiesta.



¿Qué tal habéis encontrado a vuestras tazas? Estaban todas guapas ¿verdad?
Pues esperad, no os vayáis todavía que creo que ahora vienen los regalos.

  Vosotros habéis dejado vuestras tazas a mi merced durante varios días, con la incertidumbre de no saber que destino les esperaba y ahora me toca a mí intentar compensar mínimamente esa generosidad. Para ello voy a sortear entre todos los que habéis colaborado con esta exposición, tres regalos. Ya sé que esto normalmente se hace al revés pero es que yo soy rara, como la taza de las gemelas y me gusta dar la nota como al vaso de Margari. El caso es que habrá tres regalos sorpresa a repartir entre las catorce tazas que se han presentado en la exposición.

   Pero hoy se nos ha hecho muy tarde y mañana hay que madrugar, además se os ve cara de cansados, en un par de días vuelvo a contaros con más detalle cómo será el sorteo. Gracias de nuevo a todos los que habéis estado aquí arriba y los que estáis ahí al otro lado, o después, un poco más abajo con vuestros comentarios.


   ¿Cómo? ¿Que falta una taza? ¡claro, la taza numero 15! Es que como es viejita la he dejado aparte para que no se aturulle con tanto jaleo, pero le dejo el honor de representarme en esta exposición y de poner el broche final a una entrada que me ha dado mucho trabajo, que me ha quitado horas de sueño, pero con la que he disfrutado muchísimo. De eso se trataba, por cierto.

15.- Esta tacita es la joya de mi vitrina. No tanto por su belleza, aunque a mí me parece la más delicada y hermosa, sino porque la heredé de mi madre y su historia es parte de la historia familiar, de mi paisaje infantil. Esta taza, así como la copa y el mantelito de ganchillo que la acompañan, tienen el valor de la historia que llevan consigo, de los recuerdos que evocan, del amor con el que han sido conservados y la responsabilidad de que todo eso no se pierda.
  
Una taza muy especial, única.

¡Nos os olvidéis de recoger las vuestras! ¡Son ejemplares únicos!


(Os recuerdo que si pincháis sobre las fotos podéis verlas en grande, en la estética general de la entrada quedaban mejor en este tamaño, pero ni os apetece apreciar bien los detalles es mejor verlas en la galería)

sábado, 28 de septiembre de 2013

Un año tomando café

¿Quién me iba a decir a mí que este blog vería pasar por sus paginas un segundo septiembre?

Septiembre significa inicio de curso, no necesariamente escolar sino un nuevo curso de la vida, esos estudios en los que no te gradúas nunca. Propósitos y proyectos nuevos que se emprenden con ilusión y que en buena parte acaban aparcados después de las navidades. Así, sin mucha preparación, me embarqué en este proyecto el septiembre pasado. Año nuevo, vida nueva. Nueva vida virtual, nueva aventura llena de dudas e incertidumbres, pero también de ilusión y curiosidad. Un año después, tras sortear escollos y superar tormentas este barco ha conseguido mantenerse a flote. A veces el rumbo ha sido recto y a toda vela, a veces errático, en ocasiones acogiéndose a puerto cuando temía naufragar, pero dispuesto a esperar que soplaran vientos favorables para continuar camino, enfilando el futuro orgulloso y feliz de no haberse ido a pique.

Esta aventura me ha deparado algunos momentos difíciles y de desánimo, pero sobre todo, y eso es lo más importantes, ha estado lleno de descubrimientos y gratas sorpresas. He descubierto que me gusta escribir. Nunca se me había ocurrido hacerlo mas que para mí misma y sin darle importancia al cómo, y de repente me he encontrado disfrutando mucho más de lo esperado. Buscando la expresión adecuada, ordenando frases, intentado vestir una idea con un traje que le sentara como un guante.

Una gran sorpresa ha sido ver, cómo una vez puesto en movimiento. no me ha resultado fácil ceñirme al primer guión proyectado para él. Con el paso del tiempo y tras algún intento de reconducirlo me he rendido a la evidencia de que parece seguir su propia deriva, hasta el punto de preguntarme en muchas ocasiones si yo era la capitana o un simple grumete en este espacio. Y al final he decidido que lo importante para su supervivencia es dejarme llevar hacia donde sople el viento en cada momento.

La otra gran sorpresa ha sido encontrar tanta buena compañía por el camino. Cuando el año pasado abría las puertas de este rincón dando la bienvenida a quienquiera que quisiera pasar a tomar un café conmigo, para compartir una idea, una opinión, un rato de charla, unas imágenes, una canción o una poesía, no sabía aún lo que eso significaba. No imaginaba la agradable sensación de encontrar respuesta más allá de la fría pantalla del ordenador. Siempre pensé que una relación basada en el intercambio de comentarios sería algo frío. No sospechaba que pudieran crearse corrientes de simpatía, invisibles líneas de complicidad. Que el entendimiento fuera posible con tan pocas palabras y resultara tan gratificante y por último que el apoyo y la comprensión desde ese otro lado sirviera para levantar un ánimo decaído o que las sonrisas y las carcajadas pudieran saltar espacios tan grandes.

No soy muy dada a hacer balances, ni le doy a las fechas y los aniversarios (números al fin y al cabo) demasiada importancia. Por eso cuando un día a primeros de septiembre, sentada en mi silla de playa reparé en que el nuevo año estaba a punto de comenzar me planteé si debía o me apetecía hacer algo para conmemorarlo. Porque de alguna manera significar esta fecha establece una frontera y te obliga a mirar hacia atrás, a medir, contar, relacionar… en definitiva a cuantificar y cuadrar el balance. No quiero que este rincón privado, en el que intento sentirme cómoda y hacerlo cómodo para los demás, dependa de una acumulación de determinados valores numéricos. Tampoco he hecho coincidir esta entrada con el día exacto en el que se cumple el primer año porque lo único que pretendo es celebrar que, sorprendentemente para mi misma, sigo aquí deseando tomarme un café contigo y contigo y contigo.

Aún con todas mis reticencias, me resultaba difícil dejar de dar vueltas a distintas posibilidades, hasta que encontré una idea que me gustó y que me ha traído de cabeza en los últimos días. Pensé que estaría bien que por un día nos reuniéramos todos aquí arriba, que formarais parte conmigo de una entrada, es más, que vosotros fuerais los protagonistas de ella, ya que, al fin y al cabo, vuestra compañía ha sido el aliento que ha impulsado las velas de este barco. Y qué podía representaros mejor que esa taza de café que, de alguna forma, es el símbolo de este rincón. La excusa para sentarnos a charlar. Esta idea tenía la pequeña pega de que necesariamente debíais acceder a prestármelas pero acerté al suponer que podía contar con vuestra complicidad.

A estas alturas, estáis un poco hartos de tanta verborrea y se que lleváis un rato preguntándoos dónde están y qué ha sido de ellas. Pues veréis. creo que la mejor forma de presentarlas y de que nos representen es montando una exposición fotográfica con ellas. La idea era que esto fuera una breve entrada de presentación, pero una vez más queda demostrado que no mando nada en este espacio, y sin que fuera mi intención, me he descolgado con una perorata que ríete tu de los mensajes del rey en navidad.

El caso es que entre el discurso que me marcado y que al final se han juntado unas cuantas fotos y creo que merecen recibir al público descansado, lo mejor es que hoy lo dejemos aquí. Ellas también están cansadas, tened en cuenta que las he sometido a duras pruebas, ensayando diferentes presentaciones hasta dar con la que me ha parecido más oportuna para resaltar sus cualidades y posibilidades estéticas.

Amigos todos, donantes desinteresados de sus tazas, seguidores y curiosos, quedáis invitados a la exposición que conmemora que llevamos un año tomando café juntos y que abrirá sus puertas el lunes a las cinco de la tarde. Hoy brindamos con cava, pero no os olvidéis...

¡¡Vuestras tazas os esperan!!

¡¡Un regalo!! ¡¡un regalo!! 




De mi amiga Framboise: "Como en toda fiesta de cumpleaños que se precie tiene que haber música y regalos, y como este barco es muy jovencito pues he elegido un regalo musical acorde a su edad jeje" 

La verdad es que sí pensé que le tendría que poner música y que fuera de "barquitos", pero al final se me pasó, así que muchas gracias por completar la fiesta. Muac, muac.

martes, 24 de septiembre de 2013

Libros del verano -II

Los meteorólogos dieron carpetazo al verano el domingo pasado yo voy a dárselo con esta segunda parte de la crónica de mis lecturas del verano.  

Hoy le toca a los libros del mes de agosto que, curiosamente, contando con bastantes días de vacaciones, han sido menos que en el anterior. Cierto es, por otro lado, que tres de los libros de julio eran cortos, alguno muy corto, y de lectura ágil. Ellos (los libros de agosto) después de su primer enfado de ayer, están hoy tan contentos porque piensan que al tener menos competencia, destacarán más y llamarán mejor vuestra atención.

Siguiendo con mi costumbre de cambiar de forma brusca entre libro y libro, decidí que después de La buena novela, para sobrellevar de la mejor forma posible el calor y los interminables días previos a las vacaciones, lo mejor era una dosis de humor, así que huí a Suecia (mi instinto debía pedirme algo fresco) con El abuelo que saltó por la ventana y se largó de Jonas Jonasson, porque aunque yo estaba empezando a pesar que esos países sólo se escribía sobre asesinos psicópatas, he descubierto que también tienen sentido del humor.
Un anciano que se escapa de la residencia en la que vive el día que cumple 100 años y una maleta que se cruza en su camino y sobre todo la decisión de llevársela son sólo el inicio de una historia divertida, con el punto de absurdo justo para hacer la historia divertida sin caer en lo inverosímil. Una novela corta, como suele ser en estos casos, y de nuevo de las típicas veraniegas, ligera y sin complicaciones, para pasar un par de buenos ratos. 

Tras este pequeño paréntesis para limpiar las cañerías lectoras con sonrisas, busqué, con ojos golosos, entre los libros a mi disposición, uno que me hiciera un tilín especial, de esos que intuyes que vas a disfrutar y saboreas tenerlo ahí a mano hasta que le encuentres un buen momento. Así empecé El silencio de tu nombre de Andrés Pérez Domínguez, con ganas, con muchas ganas... y pasó lo que me viene pasando últimamente cuando, tras leer buenas reseñas, acabo seguramente imaginando o absorbiendo las buenas impresiones ajenas para crearme una expectación a la que luego la novela no puede alzarse. Tenía esta novela, además de buenas recomendaciones, muchos ingredientes para que me gustara. Un comunista exiliado que vuelve,, en la década de los cincuenta, con todo el peligro que eso conlleva, a España buscando a su amante, la viuda de un espía nazi destinado aquí durante la Segunda Guerra Mundial. Intriga, misterio y algunas dosis de amor, lo hacían atractivo. Pues no he conseguido conectar del  todo con la historia. He pasado medio libro esperando encontrar algo más, los secretos desvelados no me han parecido suficientes para tanta expectación, que seguramente sólo ha existido en mi cabeza. Sí me ha gustado el estilo de Andrés Pérez Domínguez y hay algunos personajes muy notables, aunque la chica protagonista, Erika, quizá ha sido la que menos me ha convencido. 

Me estoy alargando más de lo previsto, quizá porque necesito más palabras para explicarme el por qué de mi decepción. En resumen: tras el envoltorio prometedor no he encontrado lo que esperaba, o sólo un poco de lo que esperaba, y al llegar al final me he quedado preguntándome ¿y ya está? ¿esto es todo? 

Y de una decepción pasé a otra. Guardaba también como algo especial, la última novela de Luis García Montero, No me cuentes tu vida, que compré en la pasada Feria del Libro. Quería llevármela a la playa, añadir al placer de las vacaciones el de leer a un autor que me encanta. En este caso no había otras opiniones que pudieran distorsionar mi apreciación. Simplemente me he encontrado con una historia un tanto anodina, carente de verdaderos puntos de interés. No es falta de acción, no es eso lo que esperaba, ni lo que cabía esperar tampoco. A veces, una historia aparentemente sencilla, puede resultar arrolladora, por los sentimientos que transmite o porque los personajes se te cuelan debajo de la piel. Un hijo que no quiere que su padre le cuente su vida, sus batallitas, y un padre que decide escribírselas y escribirse a sí mismo su historia, explicársela y entenderse. A través de ella tendremos una visión de esa generación nacida en la última etapa del franquismo que lucha por verlo acabado, que se ilusiona con la llegada de la democracia y se desilusiona cuando el resultado esperado no se parece en casi nada a lo soñado. Es una historia que conozco, es un tiempo que he vivido, aunque no haya una coincidencia total, me pasa muy de cerca. Y entiendo perfectamente al hijo que no quiere saber nada de antiguas luchas, que tiene las suyas propias que en nada se parecen a las de sus padres. La historia tiene sabor de autenticidad y siempre es placentero leer la prosa tan cuidada y armoniosa de Pérez Montero, he disfrutado mientras lo leía, pero no he interiorizado la historia, sólo he asistido a su desarrollo sin llegar a sentirla. 

El mes de agosto, a pesar de sus días de playa y descanso, no ha dado para más, otras compañías reclamaron mi atención y desplazaron a los libros de su puesto fijo en la bolsa playera.

Descansan ya, aplacado su deseo de exhibirse, mis libros en sus estantes. Independientemente de la opinión vertida sobre ellos, se sienten satisfechos de haber cumplido con el objetivo para el que fueron creados: ser leídos, tener la oportunidad de explicarse, de contarnos lo que se esconde entre sus páginas, de prender una chispa en nuestra imaginación y que, tal vez, perdure mucho tiempo en nuestro recuerdo.



domingo, 22 de septiembre de 2013

AVISO (urgencia ninguna, importancia media, para tomar a la hora del aperitivo)

Un pequeño toque de atención para avisar a todos aquellos que han pensado en contribuir con su taza a una buena obra (la bondad de la obra, de momento, sólo lo es en grado de tentativa, pero es que sin  ese adjetivo, el sustantivo obra suena a ladrillo y no lo puedo sustituir por el sustantivo causa porque lo encuentro un pelín elevado para los propósitos que me traigo entre manos) pero a los que sus ocupaciones e intereses se lo han impedido hasta ahora, les hago saber que tienen hasta mañana para hacerlo (no me vayan a salir ahora corriendo y acabe la taza estrellada en el suelo)No está en mi ánimo que sea éste un motivo para perturbar la paz dominical. 

No es por presionar, dios me libre (esta acotación me la ha soplado la paz dominical), pero escuchad a vuestras tazas, asomaros a su fondo, están deseando salir de casa y encontrarse con otras tazas, charlar sobre sus asuntos, intercambiar cotilleos sobre sus dueños, cotejar manías, presumir de su porte, su antiguedad o su historia, del lugar preferente que ocupan en la cocina o en la vitrina. Y sobre todo tiemblan de curiosidad, ¿no creeis que la curiosidad es la base misma del progreso? es posible que la curiosidad no nos lleve a ninguna parte, pero hasta que no nos asomemos, no podremos saberlo. Y como dijo un gran pensador moderno "si hay que ir... se va" (el pensamiento no está completo, pero... pa qué) 

Y una última aclaración, quizá innecesaria a estas alturas. Quién dice taza, dice vaso o recipiente capaz de contener un líquido, principalmente café, té o similar. No creo que sea necesario añadir que serán tratadas con toda consideración y recibidas como se merecen para ser devueltas en perfecto estado a sus dueños (pues faltaría más).

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   Aprovechando que es la hora de la cena y no hay nadie en la cocina, la taza del desayuno se inclina ligeramente hacia la pequeña taza de café  que cuelga del gancho de su izquierda y le pregunta con cierta preocupación.
   -¿Y no vamos a estar un poco apretadas?
   -Seguro. -Le contestó la taza de cafe, que como era pequeña tenía el mal genio muy concentrado- Y ya veremos si a nosotras nos hace algún caso. vendrán las nuevas y se colocarán por delante de nosotras. No van a vernos, ya lo verás.
   -Pero ella dijo que teníamos que estar preparadas, que esperaba que hiciéramos un buen papel, que estaba muy orgullosa de nosotras.
   La taza de desayuno es de naturaleza más bonachona, después de tantos años ha aprendido a lidiar con los malos humos de su dueña recién levantada.
   -¡Bah! Sólo lo ha dicho para que nos estemos quietecitas y no vayamos a meternos con las nuevas, no vayan a echarse a llorar y se pongan feas o se enfaden y se marchen con sus dueños.
   Un día y otro luchando contra el sueño de la sobremesa de su dueña y tras sufrir muchas derrotas, la han convertido en una taza dura y amargada, como el café que normalmente contiene. 
   -No digas eso, por la forma en que me miraba esta mañana y me acariciaba, yo creo que va a ponerme en buen lugar. 
   -Te tiene muy vista y estás demasiado machacada por el lavavajillas. Ya puedes estar segura de que a las de la vitrina del salón les tiene preparado mejor sitio. Sólo hay que ver lo mimadas que están.
   Está temblando de furia y sin darse cuenta ha golpeado ligeramente a la taza de desayuno que seguía inclinada en su dirección. Se oye ruido de sillas en el salón.
   -Chissss, !que vienen!


¿He convencido a alguien?



sábado, 21 de septiembre de 2013

Libros del verano -I

Ya está bien de entradas morriñosas. Ya iba siendo hora de currar un poquito y dejar de marear la perdiz del verano. Pero antes del cierre definitivo de la temporada he tenido que encararme con los libros de estos dos últimos meses, que no están en absoluto de acuerdo con mi decisión. ¿Y nosotros qué? tú, solo tú, siempre tú, tu playa, tu pueblo, tus neuras, ¿y no hemos sido nosotros, acaso, una parte importante y básica para que ese verano del que tanto hablas haya merecido la pena? ¿Nos vas a dejar aquí olvidados, sin mas?

Yo he intentado razonar con ellos, explicarles que no me siento demasiado dotada para hacerles justicia, que como me cuesta tanto me absorbe mucho tiempo y me ocasiona un problema, pero no ha habido forma. Me conocen bien y me han atacado donde más me duele. Ellos, siempre a mi disposición, siempre fieles, dejándose llevar y traer entre toallas húmedas o permaneciendo horas bajo el sol sin protección alguna, han enmudecido a la razón para que los sentimientos se escaparan de entre sus páginas y pasaran rozándome el corazoncito, ¿cómo no darles voz, si este espacio nació por ellos?

Aunque creo que este verano me ha cundido menos que otros, al final han sido unos cuantos libros y después de todo lo anterior no voy a dejarme a ninguno fuera, no habría quien aguantara luego los reproches, que son muy corporativos y se apoyan mucho los unos a los otros, no tienen ningún afán de competición, cada cual está satisfecho con el papel que ha jugado, incluso aquellos que me han hecho menear un poco la cabeza no del todo satisfecha con su contenido. Ellos ponen de su parte todo lo que pueden, lo que yo obtengo con su lectura es única y exclusivamente responsabilidad mía.

Hay mucha gente que habla de lecturas veraniegas y suele entenderse como lecturas ligeras, fáciles, libros que no necesiten mucha concentración ni hagan pensar mucho. Puro entretenimiento sin más trasfondo. Yo, la verdad, es que no distingo mucho entre estaciones del año a la hora de leer, si acaso, dejo precisamente para las vacaciones, que es cuando más tiempo tengo y más facilidad para concentrarme en la lectura, libros de más peso, más densos o difíciles a priori. Pero en general, me gusta mucho variar y este verano ha habido un poco de todo.

Empezamos con una novela histórica: La reina descalza de Ildefonso Falcones. Una interesante historia de la vida de los gitanos en la España del siglo XVIII, principalmente en el barrio de Triana de Sevilla, pero también en Madrid, con dos protagonistas femeninas que se quedarán conmigo mucho tiempo. Me gustaría dedicarle a esta novela un papel protagonista fuera de esta pequeña obra coral. Aunque no se lo he prometido, que las promesas atan mucho y yo bastantes sogas tengo por otros lados.

De la novela histórica al género negro, de Sevilla, al Raval de Barcelona en la actualidad con el detective Atila, protagonista de una serie de Luis Gutiérrez Maluenda, que comienza con la novela Mala hostia. Me ha recordado este detective venido a menos a Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, aunque, de momento al menos, no le alcanza. Una novela corta, ágil y entretenida. Justo de esas que suelen caer bajo el epígrafe de novela veraniega. 


Mi siguiente lectura cambia por completo de tono. Lo importante no es lo que pasa en las calles, sino lo que ocurre en la mente de sus protagonistas. En El sueño del otro, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, cuando Xavier se duerme sueña la vida de André y André sueña la de Xavier en cuanto cierra los ojos. ¿Son los dos reales? ¿Hay uno real y otro no? Lo mejor del libro para mi gusto es la atmósfera que se crea. El problema una vez metido en el laberinto es encontrar una salida satisfactoria. Para mí ese ha sido su punto débil, el final no ha terminado de convencerme. Eso sí, la tensión que va creciendo durante todo el libro y las preguntas que te planteas constantemente te mantienen muy entretenida.

Nuevo giro para irme con Philippe Claudel y La nieta del Sr. Linh. Tenía pendiente desde hace algún tiempo conocer a este autor del que no paraba de leer buenas reseñas de sus novelas en otros blogs. Tengo también Almas grises esperando turno, pero decidí empezar con el Sr. Lynch porque siendo una obra cortita podía ser una buena toma de contacto. Quizá lo peor que puedo decir de ella es precisamente que me ha sabido a poco. Yo me froto las manos cuando me enfrento a las novelas tipo tocho, me encanta meterme a fondo en las historias y cuando son tan cortitas siento que me falta tiempo para establecer la complicidad suficiente con los personajes. Esto es lo que me ha pasado con el Sr. Lynch, que quería seguir acompañándole en su aventura como exiliado forzoso y desarraigado, en su preocupación por su nieta, única razón para soportar haber tenido que dejar atrás su tierra, su vida, su familia. Pero en realidad, Claudel le da la duración justa, la que esa historia necesita. Y a nosotros nos queda al cerrar el libro, a mí al menos, una sonrisa en la boca y una agradable sensación de ternura. 

Cerré el mes de julio con la que a mi juicio es la novela más compleja del ese mes y creo que de todo el verano, hasta el punto que me gustaría dedicarle una entrada para ella sola. Al igual que con La reina descalza, no prometo nada porque no me fío de mí ni un pelo a la hora de intentar imponerme algo así, porque me salto mis propias intenciones o propósitos en cuanto el aire cambia de dirección. Por lo mismo es imprescindible que hoy la mencione y la destaque. Se trata de La buena novela de Laurence Cossé. No me atrevo a deciros si me ha gustado o no, lo que puedo aseguraros es que me ha hecho plantearme muchas preguntas, pensar mucho y mantener largas discusiones hipotéticas con la autora y conmigo misma al respecto de qué o cuales son las buenas novelas. Como resumen diré que me parece casi imprescindible para todos los que consideramos que las palabras "lector empedernido" sirven para definirnos.

Como esto se ha alargado mucho creo que lo mejor será dejar las novelas de agosto para otro momento. Se me alborotan un poco las afectadas pero ahora mismo les explico que es mejor ser las primeras otro día y pillar a la gente descansada y con ganas, que cerrar hoy con el público ya un poco cansado. 

Ahora toca levantarse, estirar las piernas, servirse otro café y en corrillos o de uno en uno, participar en la tertulia. ¿Quién quiere empezar?

jueves, 19 de septiembre de 2013

Un favor

Queridos amigos

Me dirijo tan formalmente a vosotros porque quiero pediros un favor.

Llevo unos días pensando en una entrada especial para el blog y después de muchas vueltas hay una que me ha convencido. Sólo tiene una pequeña pega y es que no puedo hacerla sola, para prepararla es imprescindible vuestra colaboración. Para ese día necesitaría que cada uno me traiga su taza de café o de té o incluso si no es aficionado a ninguna de las dos cosas, puede valer el tazón del Cola-Cao del desayuno. Puede ser la de todos los días o la de las visitas, o esa que ocupa un lugar especial en la vitrina porque es herencia de la abuela, o aquella que ya está ligeramente desportillada pero la guardáis porque le tenéis un cariño especial o la taza del desayuno con su foto publicitaria, cualquiera vale y todas serán muy bienvenidas.

Podéis hacérmelas llegar enviándome una foto al correo electrónico. No os preocupéis por la calidad de la fotografía, no es un concurso fotográfico, no hace falta una composición original, ni espectacular. Tampoco es necesario que le dediquéis mucho tiempo, bastaría alargar la mano hasta el móvil y sacar una foto espontánea, aunque, si os apetece, también podéis acompañarla como mejor gustéis para que luzca orgullosa o para que no se sienta demasiado sola: una cucharilla especial, un mantelito, un bombón, la magdalena del desayuno, un libro, o..., en fin, lo dejo a vuestro gusto. Si la taza en cuestión viene con anécdota, historia, pedigrí o simple comentario también se agradecerá.

¿Qué os parece? ¿Os importaría prestarme vuestras tazas por un día?

¡Anda, animaros, que los pasteles los pongo yo!


lunes, 16 de septiembre de 2013

Estado de la cuestión veraniega

Síndrome post-vacacional o Resaca Veraniega o Berrinche del Veraneante Frustrado, con nombre rimbombante o sin él a mi me pilla siempre. A veces pienso que en realidad lo que yo padezco es un Síndrome Inter-Vacacional que dura desde el fin de unas y hasta el principio de las siguientes, pero quizá estoy exagerando un poquito, síntoma sin duda del síndrome. Como esta entrada, que obedece también a la necesidad de enfrentarme a él.

Dicen que no hay nada mejor para superarlo que repasar las fotos, recordar lo vivido y planear la siguiente escapada. Lanzar un cabo al que agarrarnos para no sucumbir ante este otro reencuentro con la realidad cotidiana, con el despertador que te arranca sin contemplaciones del sueño, con la tiranía de los horarios y los deberes inexcusables.

Acabo de ver a más de uno que se ha echado a temblar. Tranquilos, no voy a contaros mis vacaciones, creo que no hay nada más tedioso que escuchar el relato pormenorizado de las vacaciones ajenas. Sin embargo creo que este espacio que acoge con tan buena disposición todos los desvaríos que se pasan por mi cabeza es el mejor escenario para desahogarme. Con un par de cafés y arrellanada en una butaca pienso utilizarlo como terapia personal. Avisados estáis.

No pretendo, de todas formas, detallar aquí las vacaciones, por un lado porque me las conozco al dedillo y además para eso ya llevo, cuando me parece necesario, un diario de viaje. Por otro porque mis últimas entradas han ido precisamente sobre ellas y hasta yo misma me canso de escucharme. No, se trata de otra cosa. Se trata más bien de ponerme ante ellas o ponerlas a ellas ante mi y hacer un pequeño balance que me ayude a superar este mal trago. 

Estado de la cuestión veraniega:

¿Se han cumplido las expectativas? ¿Han servido para descansar, desconectar, olvidar trabajo, obligaciones y deberes? ¿Han sido un aliciente, han satisfecho mi curiosidad insaciable por descubrir nuevos paisajes? 

Pues allá voy. (Momento adecuado para hacer clip sobre el aspa que cierra esta pestaña y a otra cosa mariposa)


Mis vacaciones de este año han sido modestas y no hablo aquí de dinero (que dicen que es de mal gusto, pero en realidad es que no viene al caso) sino modestas en su concepción. Nada de grandes viajes, ni circuitos con distintos puntos de interés, ni grandes descubrimientos... Lo cual, en realidad, tiene sus ventajas, sobre terreno conocido no caben decepciones. Y no las ha habido.

Los objetivos eran muy simples, muy sencillos. Descansar, alejarme, olvidarme, no tener prisas, no tener que hacer nada especial, no cumplir un programa, dejarse llevar, preguntarse de día en día ¿qué me apetece hoy? 

Ha sido un volver, un reencuentro. Por un lado el pueblo, sus paisajes, su olor, la familia, los amigos y el pasado. Sensaciones que intenté meter malamente entre cuatro palabras hace unos días. Y por otro, tras el calor sofocante de un rincón perdido en Ciudad Real,  nada como el verano en el norte. Siempre vuelvo al norte. Que las temperaturas casi nunca sobrepasen los 30º centígrados le da muchos puntos. Como ya he contado en más de una ocasión, el calor y yo no nos llevamos precisamente bien. Me encanta esa incertidumbre entre las nubes y el sol, entre la lluvia y la niebla. ¿Será día de playa o de excursión? ¿de tirarse al sol o de pasear con un chubasquero a la cintura?
Mar y montaña. Azul y verde. También he hablado ya de ello por eso prefiero para resumirlas recurrir, con su permiso y alguna variación,  a las palabras de Pablo Milanés:


No son perfectas, más se acercan a lo que yo simplemente soñé.


Y Del sueño a la pesadilla no hay más que un paso. O unos kilómetros que se hacen muy cortos. Llevo una semana intentando aterrizar en la realidad con suavidad. No lo consigo del todo, aunque me repita a mi misma todas las razones objetivas que tengo para alegrarme de tener un trabajo al que volver y una rutina que no es más que el mejor síntoma del discurrir constante de los días. Me cuesta enfrentar ese paisaje compacto de números negros que me mira desde el calendario.

Hoy, al menos, con la complicidad de este café, compruebo que los objetivos de las vacaciones se cumplieron sobradamente, bueno... quizá el capítulo de nuevos descubrimientos quedó un poco más corto de lo inicialmente previsto, pero, como dije  al principio, cuando lo ya conocido es de nuestro agrado volver a ello no decepciona nunca.

Esta entrada tenía que haberse publicado ayer, porque a estas alturas, con el curso empezado y las piscinas cerradas, va siendo hora de cerrar el capítulo veraniego de una vez por todas. Y tentada he estado, una vez que no lo conseguí, de olvidarme de ella, pero creo que la terapia bloguera va a surtir mejor efecto si me la quito de encima publicándola y viéndola desde fuera, como algo ajeno. Además, si alguien ha conseguido aguantar hasta aquí, además de darle las gracias por formar parte de ella, me encantaría compartir su estado de la cuestión veraniega: 

¿Han cumplido vuestras vacaciones sus objetivos y vuestras expectativas? ¿Os cuesta, como a mi, la vuelta al trabajo y la rutina?

jueves, 12 de septiembre de 2013

Adoro la playa


 Jueves, 5 de septiembre

Después de 8 días de sol constante y cielos despejados, las nubes reclaman un espacio propio en el cielo. A pesar de ello, como adoro la playa, escribo instalada en mi silla de plástico naranja, con una gran extensión de arena vacía delante y frente a un mar más gris que azul. Escribo, como todas las mañanas de estos últimos días, para cuando ya no esté aquí. Para cuando mi horizonte no sea azul-mar y azul-cielo y el murmullo de las olas rompiendo a mis pies deje paso al ruido del tráfico incesante y machacón de las calles de la ciudad.

Adoro la playa. Sentarme en mi silla bajo la sombrilla o tumbarme sobre la arena caliente con el sol secando mi piel tras el baño y no tener nada que hacer. Es el momento de dejar descansar a la razón, de dejar que los sentidos sean los protagonistas. Es tiempo de sentir. La brisa acariciando mi piel, los pies hundiéndose en la suavidad de la arena, el intenso olor de las algas, los acordes del mar subiendo y bajando, ahora rompe una ola con fuerza, ahora se retira el agua con un murmullo suave, la ingravidez primitiva del cuerpo dejándose mecer por el mar rodeada de cielo. Es la alegría pura de mezclarte, confundirte, diluirte, en, entre, sobre, con el mar, el cielo, el aire y la tierra.

Adoro la playa. Y como la adoro necesito un poco de espacio para disfrutar de ella. Por eso se me llevan los demonios cuando la encuentro abarrotada y en agosto resulta harto difícil evitarlo. Lo sé. Intento en la medida de lo posible esquivar las peores fechas pero a veces simplemente no es posible y en esos casos tengo que armarme de paciencia y decirme voluntariosamente que todos tenemos derecho a nuestra parcela de playa, pero, ¡por favor! ¡que no sea pegada a la mía! Siempre y cuando se guarden las distancias (lo suficiente al menos para que las conversaciones sean privadas) me gustan las playas habitadas, no superpobladas.

Temo especialmente a los grandes grupos familiares que plantan varias sombrillas, tienen mucho que contarse a grandes voces (porque, claro, el círculo es muy amplio) y desparraman neveras, juguetes y niños de todos los tamaños que no paran quietos y cuyas voces chillonas, ya sea jugando o peleando, invaden un amplio espacio aéreo que colisiona irremediablemente con el mío. ¿Alguien sabría explicarme qué impulso hace que habiendo suficiente cantidad de arena libre a tu alrededor alguien decida colocar su sombrilla pegada a la tuya? Porque reconozco que hay días en los que la competencia es dura, pero en otras ocasiones me resulta incomprensible. Mi chico dice que es el espíritu gregario y a mi se me escapan sapos y culebras por la boca.

Pero adoro la playa y ver a los chiquitines desnudos, embadurnados de arena, correr chillando de alegría hacia las olas. Y a los mayores que apoyados en un bastón no renuncian a caminar por la orilla buscando el masaje bienhechor de las olas sobre sus piernas cansadas. Y me gusta el colorido de las sombrillas y el vuelo de las cometas a la caída de la tarde y el run-run de felicidad que se desprende de esa amalgama de cuerpos liberados de tacones y corbatas, de sonrisas falsas y palabras huecas. 

Y adoro la playa, ahora, en este preciso momento en el que el sol finalmente le ha ganado la batalla a las nubes y me regala un ancho, inmenso horizonte, donde el azul profundo del mar corre a encontrarse con el azul limpio del cielo sin que sombrilla alguna, ni voces discordantes, rompan este momento perfecto. Y escribo esto desde mi tumbona de plástico naranja para poder leerlo cuando ya no esté aquí.