¿Quedamos a tomar café?

Yo me dispongo a tomarme algún que otro cafetito mientras tecleo, intentando pensar con cada sorbo y escribir entre uno y otro disfrutando de un momento especial en el que pueda volcar ideas, opiniones, sobre libros, música, imágenes, dar rienda suelta a algún que otro desvarío, desahogar algún grito, espero que también algo de humor, a través de esta gran ventana virtual.

Abierta queda. Si alguien quiere tomarse un café conmigo bienvenido sea.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Cosas que hacen que la vida valga la pena


  • Hacer castillos de arena en la playa
  • El sol de enero
  • Levantarse una mañana de invierno y descubrir que un manto de nieve lo cubre todo
  • Una mirada cómplice
  • Mirar a un niño dormido
  • Un café de sobremesa con amigos
  • Un chiste en medio del trabajo
  • Una película que te hace llorar
  • El olor de la tierra mojada
  • La luna llena cuando empieza a asomar enorme sobre la línea del horizonte
  • Una puesta de sol desde el balcón de la casa del pueblo
  • Ver, escuchar, sentir el mar
  • Un beso espontáneo de tu hijo
  • Unos mimos cuando estás enferma
  • Una cerveza helada en verano
  • Un buen libro
  • Sexo compartido, consentido, disfrutado
  • Caminar sobre un manto de hojas secas
  • Una flor cuajada de rocío
  • Un abrazo fuerte cuando estás triste
  • Abrir la ventana a una mañana recién estrenada de primavera
  • Cerrar los ojos y escuchar tu pieza favorita de música

Voy a parar aquí aunque hay muchas mas cosas, cientos, miles, un millón de cosas que hacen que la vida merezca la pena.

Yo llevo años intentando atrapar algunos de esos momentos con la cámara de fotos. Muchos  no van a dejarse encerrar nunca en un pedazo de papel o en una imagen digital, pero hay otros con los que puede intentarse.

Os dejo este vídeo con mis "intentos" por atrapar algunas de esas cosas que hacen que la vida valga la pena junto con la canción de Pasión Vega, acompañada para la ocasión por el autor del tema, Antonio Martínez Ares.


video

¿Y tú? ¿has probado a pararte cinco minutos para hacer tu lista? 


(Finalmente, tras la rabieta y el posterior desahogo he decidido que no iba a desperdiciar el trabajo de estos días y voy a publicar la entrada con el primer vídeo, el que tiene una baja resolución. En pequeño las imágenes pierden mucho pero al menos servirá para haceros una idea)

martes, 30 de octubre de 2012

Frustración

Necesito desahogarme. Tengo que descargar la enorme frustración que siento ahora mismo.

Me dicen que no va a ser la primera vez, que no merece la pena el enfado y la rabia, pero ahora mismo solo me apetece gritar. Permitidmelo, por favor.


¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!


Llevo cinco días preparando una entrada. Los ingredientes eran una canción, un texto y un vídeo que quería montar con algunas fotos que ilustraban el tema.
El texto salió prácticamente solo, en poco tiempo estaba listo. Algún ajuste de última hora y ya está. 
La canción era el origen de todo, la que inspiraba toda la entrada y la tenía en el ordenador a mi disposición.
Lo que mas trabajo tenia era preparar el vídeo, pero me hacía ilusión hacerlo y me puse manos a la obra con entusiasmo.Ya hice uno hace unos días y no me planteó demasiados problemas. ¿Qué podía salir mal? Muchas cosas. Evidentemente podían salir mal un montón de cosas.

La idea era tenerlo listo para el lunes. En seguida vi que no iba a ser posible, solo la labor de selección de las imágenes me llevó mas tiempo del previsto. Bueno, me dije,  en ningún sitio está escrito que yo tenga que publicar una entrada el lunes, si sale el martes nadie va a venir a reclamarme nada. Pensé que de nada iba a servirme agobiarme y que lo que debía hacer era disfrutar haciéndolo.
Con un fin de semana bastante ocupado ayer por fin parecía tenerlo todo bajo control y me sentía medianamente satisfecha con el trabajo hecho. Como la vista previa de bloguer no me permite reproducir el vídeo no tengo otra forma de comprobar como ha quedado hasta que no está publicado así que le di los últimos retoques y en la frontera que marcan las 12 de la noche pulsé el botón "publicar". 

Enseguida vi el desastre. El vídeo en su tamaño pequeñito era aceptable pero a pantalla completa la resolución era tan mínima que era imposible apreciar las imágenes que lo componían. No podía dejarlo así, el vídeo perdía todo su sentido. Suprimí la entrada.

Sin comprender del todo por qué la vez anterior no había quedado tan mal, pensé en buscar una solución. Volví a mi programa de ordenador y le pedí que me guardara el archivo con una calidad mejor, con una mayor resolución. Esto le costó al programa mucho tiempo. No podía seguir levantada, hasta el ordenador estaba agotado. 
Con resignación me mandé a la cama y volví a decirme que tampoco pasaba nada por "colgar" la entrada esta tarde.

Como es evidente no lo he conseguido. El nuevo vídeo en HD pesa tanto que bloguer no lo admite, no puede subirlo. 

Nuevo grito de rabia: ¡¡¡¡¡aaaahhhhh!!!!!!

Aún no he decidido que voy a hacer. Si renunciar por completo a la idea o intentar otro tipo de "apaño" con el vídeo.

Lo que sé es que llevo días empantanada con la idea, sin tiempo para visitar otros sitios, dejando de lado otras cosas, con la canción martilleando en mi cabeza y las imágenes dando vueltas al compás de la música y cuando por fin me sentía satisfecha con el trabajo realizado no me ha servido para nada.

No me ha quedado mas recurso que el pataleo y eso es lo que estoy haciendo. Doy salida a la rabieta aporreando las teclas del ordenador para no sucumbir a la tentación de tirarme en el suelo a llorar y gritar.

Supongo que soy muy nueva en esto y que probablemente esta pelea entre el deseo y la realidad no es nueva para vosotros. Hoy tengo ganas de cerrar esto y no complicarme la vida. Dejar de perder horas de sueño y dejar de sentirme derrotada por la tecnología y la informática.

Mañana será otro día. Hoy no voy a darle más vueltas. 

                                                                          ¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaahhhhhhh!!!!!!!!

viernes, 26 de octubre de 2012

Camposanto en Collioure de Angel González


Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
—paz
y después...—
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre
—paz...—,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—...sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas...—,
ante la gloria ésta
—...de reseco laurel—
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.



miércoles, 24 de octubre de 2012

La playa de los ahogados


¿Os gusta la novela negra? ¿Conocéis a Domingo Villar?

Pues si os gusta este tipo de novela debéis conocer a Domingo Villar y a su inspector Leo Caldas. La serie comienza con el libro Ojos de agua y el tercero Cruces de piedra tiene prevista su publicación para noviembre.

Yo he leído el segundo libro de la serie, La playa de los ahogados y me ha gustado mucho. Aunque sé que las comparaciones son odiosas voy a hacerlas porque no deja de ser mas que mi opinión personal. Yo he disfrutado mucho más con esta lectura que con sus compañeras de genero de autores escandinavos que tan de moda están últimamente. No es que pretenda desmerecer ninguna, las hay muy buenas, pero me he identificado mejor y me han emocionado más los personajes del autor gallego.

El inspector Leo Caldas debe averiguar si Justo Castelo, cuyo cadáver aparece en la playa de Panxón con las manos atadas, se ha suicidado o ha sido asesinado. Un caso aparentemente sencillo, ya que hay testigos que le han visto hacerse a la mar y el hecho de que el cadáver haya aparecido con las manos atadas parece indicar un suicidio, pero no todas las piezas encajan como deberían y a partir de aquí acompañaremos a Leo Caldas y a su compañero Estévez en su investigación.
Paso a paso a través de las preguntas que el inspector hace a compañeros, familiares y vecinos vamos conociendo a la víctima, descubrimos viejas historias de naufragios,  amenazas recientes de fantasmas antiguos. Cada vez hay mas evidencias de que no se ha tratado de un suicidio  y la madeja aparece más y más liada. Vamos barajando las distintas posibilidades junto a los policías, seguimos sus pistas por otros pueblos pesqueros, y aprenderemos cómo las cosas casi nunca son lo que parecen.  

La historia se cuenta desde el punto de vista del inspector Caldas y es a el al  que mejor conocemos tanto en su vida profesional como en su vida privada.  
Es un hombre solitario con rutinas fijas al que acompañamos por las calles de Vigo camino de su restaurante favorito o de la taberna de puerto donde le ponen el vino en la barra antes de llegar a ella y encuentra un rincón tranquilo donde pensar mientras se toma un suculento pulpo o el pescado del día.
Es una persona tranquila, profesional, metódica, que sabe como preguntar para obtener las mejores respuestas, que prefiere utilizar las palabras y la cabeza para resolver el caso en clara contraposición con su compañero, un aragonés un poco bruto que no acaba de adaptarse al carácter de los gallegos, a su forma de contestar siempre con otra pregunta, que se impacienta enseguida y preferiría  utilizar métodos mas directos y expeditos, utilizando las manos si fuera necesario para apretarles las tuercas a los posibles sospechosos antes que andarse con tanta preguntita.

No es una novela que nos mantenga en vilo con una acción trepidante, pero nos tiene enganchados irremediablemente intentando desenredar la madeja. Cuanto más avanzamos en la historia más se complica y hay que separar con cuidado los hilos para ver donde se cruzan y deshacer los nudos que nos hacen tropezar. 
Conforme avanza y retrocede la investigación nos movemos por la vida de todos aquellos que se ven involucrados en el caso y vamos reconstruyendo una historia que va a conmovernos sin ninguna duda.
A través de unos personajes muy bien construidos aprenderemos como es la vida de los pescadores, la dureza del trabajo en el mar. Nos lleva del ambiente cerrado de los pequeños pueblos pesqueros donde todo el mundo se conoce, donde todo se sabe de todos, a las calles vivas y bulliciosas de Vigo, una gran ciudad que conserva su sabor marinero.

En definitiva me ha caído muy bien el inspector Leo Caldas, me ha gustado mucho la construcción de los personajes y del ambiente que hace Domingo Villar y lo único que lamento es no haber empezado por Ojos de agua, el primero de la saga, ya que hay algún aspecto de la vida personal de Caldas que aquí no está explicada porque supongo que deriva de unos hechos que ocurrieron en el libro anterior. No es básico para la trama policial pero creo que si nos ayuda a entender mejor la situación personal y el carácter del inspector.

Os dejo el book-trailer para que le echéis un vistazo.

 





domingo, 21 de octubre de 2012

Tarde de domingo


Pasada la sobremesa, con su café solo y su ratito de relax frente a la televisión viendo un capítulo de alguna de las múltiples series que sigo y que irremediablemente también se me acumulan grabadas a la espera de su oportunidad, me siento frente al ordenador con la idea de preparar algo optimista de cara al inicio de la semana, algo así como "¡bien, un nuevo lunes, vamos a sacarle partido a esta semana!"  Me he parado un momento a mirar por la ventana y me he atascado.

Las tardes de domingo en general suelen tener un aire lánguido, un ligero sabor amargo producido por la vuelta a la rutina. Las mañanas todavía tienen alegría. Te levantas tarde, te desperezas a gusto delante de un desayuno con algo para leer entre manos, hay tiempo para un paseo, para un aperitivo, para una comida tranquila en familia, pero en un abrir y cerrar de ojos, miras al otro lado de la ventana y descubres que ya la tarde se te ha echado encima y de forma casi inevitable te invade un pequeña sensación de pérdida.
Si hace buen tiempo aun hay tiempo para exprimir esas últimas horas de asueto, pero conforme avanza el otoño y se acortan los días, la tarde desaparece rápidamente sin darnos apenas tiempo de acomodar nuestro ánimo festivo para el preparados, listos, ya de la nueva semana.

Hoy el cielo al otro lado de la ventana es gris, cae una lluvia mansa, de las que mi madre llamaba “agua temporal”, que con el tiempo llegué a traducir como “lluvia propia de la temporada”, es decir de la que debería corresponder al otoño, una lluvia constante pero no agresiva, sin que el cielo parezca abrirse y desplomarse sobre la tierra. Este otoño parece haber perdido un poco los papeles por unas cuantas zonas de España. Aquí en Madrid, sin embargo, sí está comportándose como debiera y este caer suave en una tarde que empieza a declinar me mueve a la melancolía.



Es una tarde de sofá con mantita de punto, café sobre la mesa y un libro en las manos que de vez en cuando descansará sobre el regazo para mirar como cae la lluvia al otro lado de la ventana sobre un parque desierto de niños, vestido de otoño y para hacerme compañía pondré esa canción que inevitablemente viene a mi cabeza en tardes como ésta.

Os la dejo por si vosotros también tenéis una tarde de domingo melancólica.


viernes, 19 de octubre de 2012

Acero y cristal


No sé si a vosotros os parecen atractivos como objetivo fotográfico los modernos edificios de oficinas, los rascacielos de acero y cristal. Yo confieso que mis preferencias se inclinan mas por las pequeñas iglesias románicas, los parajes naturales o el caserío de algunos de esos pueblos maravillosos que podemos encontrar en cualquier punto de España.
Normalmente paso cada día a su lado sin que me conmuevan lo más mínimo, pero un día en que debía ir menos ensimismada de lo habitual, al pasar junto a uno de estos rascacielos de cristal reparé un momento en su fachada, que sin pensárselo dos veces me hizo un guiño pícaro como diciéndome: ¿te has fijado en mis curvas? ¿y en los reflejos que proyecto?

Fueron pasando los días y de vez en cuando al pasar por la zona recordaba el guiño y empecé a mirar con un poco mas de interés a los demás edificios de similares características de la zona. Así un día me atrajo el destello que el sol arrancaba de un perfil de acero, otro las líneas rectas que corrían a juntarse allí arriba en el cielo y decidí que quizá había llegado el momento de darles una oportunidad, que tal vez a través del objetivo de la cámara descubriría su lado mas atractivo. Y así lo hice, un día me armé con mi cámara y me dediqué a rondarlos, me paraba aquí y allá buscándoles su mejor perfil y al final me vine a casa con un montón de fotos. Con algunas de ellas he montado este pequeño vídeo con la intención de demostrarme que al acero y al cristal la fotografía puede sentarle tan bien como a la piedra y al musgo.


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Cuando acabé la sesión de fotos descubrí que me había gustado lo que había visto a través del objetivo y pensé en lo fácil que es que nos pase desapercibido lo que vemos a diario. Cuanto mas cerca tenemos las cosas  menos las vemos. Cuanto mas a mano menos aprecio. Y lo malo es que esto nos suele pasar no solo con las cosas materiales ¿verdad?

Espero que os guste esta interpretación mía de los rascacielos de Azca. La música que les acompaña es de Schubert.
                                                                                        ¡Feliz fin de semana!

miércoles, 17 de octubre de 2012

la casa de Riverton



Mi primer contacto con Kate Morton, supongo que como el de la gran mayoría, fue a través de su novela El jardín olvidado.  Para cuando me decidí a leerlo ya le precedía su fama y probablemente eso jugó en su contra. No alcanzó las expectativas que me había creado. Me gustó, la historia está muy bien escrita y mantuvo alto mi interés hasta el desenlace  pero no me pareció nada excepcional. Estaba dispuesta a repetir con la autora y aunque ya estaba a la venta  Las horas distantes yo decidí probar con su primera novela La casa de Riverton. Me enfrenté a su lectura tras dejar pasar un tiempo desde El jardín olvidado y con unas expectativas menos desmesuradas. Me temo que la experiencia no solo no ha mejorado sino que me ha resultando directamente decepcionante.

La historia empieza con la escena final de una película. Esta película narra la historia de las hermanas Hartford y su relación con el poeta R.S. Hunter, que se suicida durante una fiesta en la mansión de Riverton en el verano de 1924.
La directora de la película se pone en contacto con Grace Bradley, que fue criada de la familia Hartford, para que le asesore sobre la recreación de determinados escenarios.
Grace, una anciana casi centenaria, al principio no quiere saber nada de ello, pero finalmente los recuerdos acaban haciéndose presentes y decide que es el momento de sacarlos a la luz. Para ello escoge grabarlos en unas cintas de casette que le enviará a su nieto Marcus.

A lo largo del libro se irán alternando la época actual con los recuerdos que constituyen el grueso de la historia.
Grace vuelve al año 1914 cuando con 14 años empezó a trabajar en la casa. Conocemos a la aristocrática familia Hartford y el personal a su servicio, las rígidas  costumbres de la época, la incidencia decisiva de la Primera Guerra Mundial en sus vidas y sobre todo se centrará en los hermanos Hartford de edad similar a la de Grace y especialmente en las chicas Hannah y Emmeline, tan unidas y tan distintas, sin olvidar por supuesto a Robbie Hunter, cómo entra en sus vidas y por qué tiene tan trágico final.
  
Esta parte de la historia que transcurre en el pasado y que es su cuerpo principal es la que he encontrado plana, insulsa y predecible. Como cuando ves una película que ya has visto antes y sabes lo que va a ocurrir a continuación, conoces los diálogos y anticipas cada una de las escenas siguientes. Quizá salvaría al poeta, R.S. Hunter, por ser el menos previsible, el menos tópico.
La parte de la narración que transcurre en la época actual, sin embargo, me ha gustado bastante mas.
La Grace anciana, consciente de sus limitaciones físicas pero con una mente despierta es mucho mas interesante que todos los personajes de la historia que recuerda. Las pinceladas que vamos descubriendo sobre la influencia que tuvieron esos acontecimientos en su vida posterior, su relación con su hija Ruth, con Silvia que es la persona que la atiende en la residencia en la que vive, su nieto Marcus por el que siente un gran cariño y a quien va a confiar sus secretos y también con Ursula la directora de la película con la que se establecerá una conexión muy personal.
Sin embargo este plano temporal tiene una presencia bastante reducida que no ha sido suficiente para compensar el tedio que me producía el resto de la historia. 

Finalmente quiero dejar claro que el libro está bien escrito, que me gusta la forma de narrar de Kate Morton, el manejo y uso del lenguaje es armónico y la lectura resulta ágil y fluida  Gracias a ello he leído el libro hasta el final pero no ha sido suficiente para mantener mi interés en la historia.
En definitiva el libro en conjunto me ha resultado aburrido, con el punto final lo único que he sentido ha sido alivio porque ya podía empezar con otro.

Esto no deja de ser una opinión muy personal. Seguramente habrá mucha gente que no coincida conmigo por lo que no pretendo desanimar a nadie que aún no lo haya leído y que haya disfrutado anteriormente con Kate Morton. Supongo que esa sensación que a mi me ha acompañado de historia conocida o reconocible no tiene por qué ser común y los personajes que para mi son insustanciales para otros pueden resultan originales o atractivos.
En cualquier caso creo que en conjunto es una historia menos lograda que la de El jardín olvidado y a pesar del desencanto tampoco descarto que algún día me decida a leer Las horas distantes. Quién sabe, a lo mejor a la tercera va la vencida.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia con Kate Morton? ¿Ya habéis leído las tres novelas?
Parece que Las horas distantes también va de secretos y las mujeres vuelven a ser las principales protagonistas, ¿me animáis a leerla?








domingo, 14 de octubre de 2012

¡Vivan los puentes!



Cada año por estas fechas espero la publicación del calendario laboral que regirá nuestros descansos el próximo año. En un  momento tomo nota de cuándo cae la Semana Santa, de qué fiestas son en lunes o en viernes y garantizan un fin de semana largo, qué otras aciertan a caer en jueves o martes y pueden dar origen a un puente y que posibilidades tendré de “pillarlo”, en mi caso es importantísimo ver como cae cada año el puente del primero de mayo porque seguido por el día dos, fiesta de la Comunidad de Madrid, puedes llegar a formar un puente de dos ojos que enlace un fin de semana con el siguiente.
Estos puentes que hacen que los poderes económicos del país se lleven las manos a la cabeza porque nos vuelven improductivos y que había que suprimir trasladando las fiestas a los lunes. No se como habrá sido en otras comunidades autónomas, en Madrid la única fiesta damnificada, que con la cabeza gacha ha tenido que tragar con su traslado, ha sido el día 19 de marzo, fiesta de San José o día del padre, que en 2013 se celebrará el lunes 18 de marzo. Bueno, los Josés y los padres de Madrid ya están acostumbrados a verse vapuleados porque el suyo es un día comodín, unos años es fiesta y otros no. El resto de las fiestas han quedado tal y como el calendario las ha colocado.
Las que caen en sábado, como el próximo 12 de octubre, podrían beneficiar a los trabajadores del comercio si no fuera porque los patrones del comercio decidirán que el fin de semana en el que haya una fiesta el sábado se abrirá el domingo.

¿Quién no ha aprovechado este día del Pilar para hacer una escapada? Porque en cuanto juntamos tres días libres salimos huyendo.
No se me ocurre una palabra mejor para describir la desbandada que atasca sin remedio las carreteras de las grandes ciudades. Si no fuera una huida necesaria no repetiríamos una y otra vez la misma experiencia agotadora y estresante del atasco de salida y del atasco de entrada.
Sin embargo aquí estoy un año más, incapaz de resistirme a salir de mi ciudad, a cambiar mi paisaje, a respirar otros aires. 
Estas fechas son estupendas para viajar. El tiempo es suave y los días aun son largos. Casi sin pensar me vienen a la cabeza un montón de sitios ideales para perderme estos días.


Noja, Cantabria. Paseo a la caída de la tarde. Yo creo que merece la pena ¿no?

Y cada salida, cada viaje, cada coche que sale a la carretera supone dinero, gastos e  ingresos, el dinero se mueve, cambia de manos, los que aún pueden y están dispuestos a gastar harán que otros puedan seguir con sus negocios: hoteles, restaurantes, casas rurales, talleres, empresas de multiaventura, tiendas de artesanía y regalos, etc., etc.  

Y si el negocio del turismo gana, también el estado verá aumentar sus ingresos gracias a los impuestos, la mayor parte del dinero que pagamos por la gasolina va a parar al estado, en cada factura de hotel, de restaurante nos cargarán el IVA que va a parar al estado. Ayuntamientos e iglesia se benefician de la venta de entradas a monumentos de titularidad pública o religiosa por cada visitante que decide conocer por dentro, además de por fuera, las ciudades o pueblos que elige como destino de sus días libres.
Incluso si elegimos ir al pueblo a pasar estos días, además de la inevitable gasolina o el billete de autobús o de tren o de avión, el dueño del bar se sentirá feliz cuando vayas a tomar el aperitivo o a comer el domingo antes de volver a casa.

Las fiestas, los puentes, significan dinero para los negocios de ocio, turismo y hostelería y una válvula de escape para los que estamos sujetos a la rutina laboral, escolar, doméstica, de lunes a viernes, de 9 a 5, de la mañana a la noche.
Es tal nuestra necesidad que aún sabiendo lo que nos espera en la carretera, cerramos nuestra maleta con una sonrisa bailando en la cara anticipando la aventura grande o pequeña que nos espera, aunque sea el anhelado descanso en la casa del pueblo y que nos ayuda a pensar que hay algo mejor más allá de nuestro limitado horizonte diario.  

El ocio de unos es el negocio de otros. Todos salimos ganando. Que no nos quiten los puentes ¡¡¡POR FAVOR!!!

"La luz del día empieza a menguar. En la larga fila de coches que nos preceden se encienden en cascada las luces de freno, vamos a volver a parar. Suspiro resignada, miro el reloj, miro la placa kilométrica que ha quedado justo a la altura del coche, todavía queda mucho para llegar a casa. Mi cabeza empieza a calcular si tendré tiempo para poner una lavadora, repaso si el uniforme del cole del niño está dispuesto para el día siguiente, las comidas de la semana….
Todo vuelve a empezar."

viernes, 12 de octubre de 2012

Veinte poemas de amor de Pablo Neruda


Poema 5

Para que tú me oigas 
mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas. 

Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas. 

Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. 

Ellas trepan así por las paredes húmedas. 
Eres tú la culpable de este juego sangriento. 

Ellas están huyendo de mi guarida oscura. 
Todo lo llenas tú, todo lo llenas. 
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
 
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas. 

El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban 
Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. 

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. 

Voy haciendo de todas un collar infinito 
para tus blancas manos, suaves como las uvas. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

El asesino hipocondríaco


El asesino hipocondríaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel es un libro de los que muchos escogen para llevarse de vacaciones, yo sin embargo, lo leí un poco antes del verano porque a mi estas lecturas me gusta mas tenerlas a mano cuando me siento un poco saturada por las circunstancias y me sirven de válvula de escape o también para descansar de una lectura mas densa que me ha exigido un mayor esfuerzo de concentración.

Un par de días, bueno quizá tres, no vayamos a exagerar, me duró este libro. Fueron días de lectura ligera, divertida, ningún quebradero de cabeza me ha dado el libro, ni un mal pensamiento, simplemente dejarse llevar por el humor, por la sonrisa que aflora sin darte cuenta, que relaja y aligera el ánimo.

Muñoz Rengel nos plantea unas situaciones divertidas por absurdas, por exageradas, pero tan bien hilvanadas que resulta totalmente coherente de principio a fin.


Su protagonista, el señor Y, es un asesino que tiene muy a gala su profesionalidad, de tal forma que aunque no le quede mas que un día de vida y aunque le fallen las fuerzas y su cuerpo no de mas de sí, no puede de ninguna de las maneras dejar de cumplir el encargo cobrado por adelantado. Así un último día tras otro último día vamos asistiendo a sus múltiples y variados intentos por acabar con su víctima, frustrados de forma delirante por las enfermedades y síndromes mas tronchantes jamás descritos, sin cejar nunca en el empeño.
Entre intento e intento nos va relatando las curiosas enfermedades de ilustres y famosos personajes históricos que eran tan hipocondríacos como él mismo y que le sirven de guía y apoyo en su desgraciada existencia en la que se concentran todos los males del mundo, conocidos y desconocidos.
Poco a poco iremos conociendo a víctima y verdugo sin que en ningún momento tengamos que tomar partido por uno u otro. Asistiremos como espectadores privilegiados a su particular relación y es muy posible que acabemos simpatizando con ambos. A mí al menos es lo que me ha ocurrido.

Sí, es un libro de humor, pero dentro de lo que cabe esperar en un libro de éste tipo a mi juicio destaca entre otros del mismo género por la calidad de su narrativa y por la originalidad del argumento.
Seguramente no dejará una huella profunda en nuestra memoria, no nos marcará por los sentimientos que nos provoque su lectura o la profundidad de sus personajes, pero durante unos días su lectura colgará una sonrisa en nuestros labios, puede que incluso provoque alguna carcajada y reírse ¡sienta tan bien!

lunes, 8 de octubre de 2012

Fenómeno "móvil"


Hay dos cosas que en los últimos años han cambiado nuestras vidas, las de todos, de tal forma que ya no podemos concebirla sin ellas.
Una es el desarrollo y el acceso masivo a Internet y la otra el teléfono móvil.
De Internet habría mucho que hablar, por eso mi objetivo es mucho mas humilde y me quedo con el móvil.

El móvil es un aparato increíblemente útil.
Se acabaron los problemas a la hora de quedar con alguien, no pasa nada si no recuerdas exactamente si has quedado en la salida a Carretas o en la salida a Mayor porque se arregla con una llamadita rapita.
No importa si te acuerdas de repente de que el detergente no está en la lista de la compra porque puedes llamar a tu marido para que lo añada al carro (si ya está pagando en caja, mala suerte)
Si la niña parece que va tardando rápidamente coges el móvil y preguntas por donde anda.
Los técnicos de la caldera pueden avisarte en cualquier momento de que están en la zona cercana a tu domicilio y de que en cuarto de hora estarán en la puerta de tu casa para arreglarte la caldera (no importa que tu hubieras quedado con la empresa en que pasaran a partir de las cinco) y como el que está sin calefacción eres tu, sales pitando para llegar a tiempo.

Por otro lado es bastante interesante cuando viajas en un tren de Cercanías, por ejemplo, y alguien próximo atiende una llamada a su móvil, enterarte con pelos y señales de por qué se está retrasando y oírle mentir descaradamente cuando dice que ya está en Atocha cuando apenas hemos salido de la estación de Sol. 
O ver como la gente va aparentemente hablando y gesticulando sola por la calle. Antes pensabas  “pobre, se le ha ido un poco la olla”, ahora es más probable que alguien se dirija a ti para preguntarte una dirección y sólo cuando te mira con fijeza esperando tu respuesta caes en la cuenta de que te hablaba a ti, porque hasta ese momento das por supuesto que va hablando por el móvil.

En el tiempo sin móviles alguien llamaba a tu casa, no te encontraba y no pasaba nada, “habrá salido” y punto. Ahora si te llaman al móvil tienes que cogerlo no vayan a pensar que no lo atiendes porque te ha pasado algo o quizá tienen algo importantísimo que decirte.  La mayoría de las veces, sin embargo, lo que oyes al otro lado cuando coges la llamada es “¿por dónde andas, qué haces, cuándo vienes, por qué te retrasas, qué haces ahí, no has visto que tienes dos llamadas perdidas?”

Hay gente que no se desprende de él ni de día ni de noche, ni en el trabajo, ni en el coche (con o sin bluetooth), ni en casa: del salón a la cocina y de la cocina al cuarto de baño: “¿pero qué haces? ¿qué es ese ruido?” “ Pues que me has pillado en el baño, tío” ¿es necesario dar cuenta de todos nuestros pasos?


Pienso yo, ahora que tenemos las vacaciones tan recientes… si vas a pasar un rato a la playa, y quieres relajarte, darte un baño, un paseo, leer… ¿realmente no puedes pasar un par de horas incomunicado? 

En el caso de los mensajes solo una cosita.
Si no fuera por lo que me molesta admiraría  que haya gente capaz de estar manteniendo una conversación contigo y al mismo tiempo está escribiendo un mensaje en el móvil a toda velocidad. Si te callas esperando a que acabe te puede decir con mucho desparpajo que sigas, que sigas, que puede escribir mientras te escucha. Sea quien sea es una falta de respeto para el que habla, pero si un momento después te vuelve a dejar con la palabra en la boca para leer la contestación que le está llegando en ese momento, es el momento de levantarse y marcharse.

¿No corremos el peligro de que el móvil se convierta en un apéndice permanente de nuestros cuerpos? ¿o en un implante que hubiera que cambiar cada vez que se estropeara o saliera un modelo mejorado?

Y eso sin hablar de las otras utilidades que ahora ofrecen, que ahí no te controla nadie, pero no hace falta porque ya estás perdido, nunca más podrás separarte de él sin sentirte
desamparado.

Sé lo que alguno puede estar pensando: que es una cuestión de edad, que debo estar haciéndome mayor, y sí, sin duda voy siendo un poco mayor, pero tengo cerca gente tan mayor o mas que yo que sin su móvil se sienten perdidos.

Voy a tener que ir dejándolo porque acabo de oír un pitido lejano que bien podría ser de mi móvil que me avisa de que la batería se está quedando sin carga y ¡oye! que nunca se sabe lo que puede pasar y una cosa no quita la otra. En un momento de apuro nada mejor que un buen móvil a mano y con la pila cargada.

¡Pero dónde habré dejado yo el móvil!

viernes, 5 de octubre de 2012

Otoño


Parque El Capricho (Madrid)
Me gusta cuando al final del verano, conforme van acortándose las tardes, la tiranía del sol de agosto empieza a cederle espacio al aire mas liviano y fresco de las medianías de septiembre. Esa noche en la que de repente con un escalofrío echas mano de la colcha para volver a convertir la cama en nido ¡qué gusto! y que alivio las primeras lluvias que limpian el aire y nos traen el delicioso olor a tierra mojada.




Jardines de Aranjuez (Madrid)

Podemos conformarnos, si no hay nada mejor a mano, con un otoño urbano encerrado en los parques o serpenteando por calles y avenidas. Pero sin duda el otoño es para el bosque, como el mar es para el verano, la montaña para el invierno y los campos para la primavera.



Ver los rayos del sol jugando a pintar las hojas de los árboles antes de que algún viento travieso las haga volar por los aires y las lleve de aquí para allá enseñándoles un poco de mundo antes de caer agotadas al suelo. 

Si es posible nada es mejor que pasear por un bosque en otoño.

Si el día es claro y luminoso. Los suaves rayos de sol son una caricia y el contraste de luces y sombras un espectáculo. Nos acompaña el crujido de las hojas secas bajo nuestros pies y el murmullo de las que aun resisten en las ramas que se estremecen ante la mas leve brisa. El aire está limpio, fresco y apetece aspirarlo a bocanadas.
Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)





Si es gris y húmedo. Nuestros pasos se hacen blandos sobre la mullida alfombra del suelo. Las gotas de una lluvia liviana se nos prenden en el pelo o escurren hasta los bordes de las hojas donde quedan en suspenso atrapando la luz. Si cerramos los ojos podemos dejarnos llevar por el murmullo de la lluvia.
Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)




Valle de Baztán (Navarra)
Valle de Baztán (Navarra)
Y con sol o con lluvia siempre podemos jugar a buscar setas.








miércoles, 3 de octubre de 2012

El lector de Julio Verne



Voy a empezar por reconocer  mi debilidad por Almudena Grandes. Me gusta mucho esta autora. No lo he leído todo de ella, pero sí lo suficiente como para tener clara esta preferencia. No todo me ha gustado igual, pero mas de uno hay ocupando alguno de los primeros puestos en mis lecturas favoritas, de esas que dejan huella. 
Lo esperaba con ganas,  anticipando desde su publicación el disfrute que me prometía.
No fui corriendo a comprarlo. Dejé que se hiciera desear y esperé a la Feria del Libro para tener la oportunidad de felicitar a la autora por su trabajo y de paso llevarme su firma estampada en mi libro.

Tras comprarlo tampoco empecé a leerlo de forma inmediata, lo dejé cuidadosamente en la estantería a la espera de que llegara el momento de meterlo en la maleta. Tenía decidido que iba a acompañarme a la playa, quería que en sus páginas se mezclaran el olor de la tinta y la sal y que, en las pausas que me tomara para dejar que se posaran las sensaciones, los sentimientos, las ideas que la lectura fuera provocando, mis dedos  juguetearan con la arena y mi mirada se perdiera mar adentro.

Aunque parece evidente mi buena predisposición hacia él, también tenía mis reservas. Con Inés y la alegría no había acabado especialmente satisfecha. No quiero entrar en detalles que ahora no vienen al caso. Sólo comentar que el libro me gustó pero no tanto como otros anteriores, quizá porque cuando las expectativas ante un libro son muy altas se lo estás poniendo, de entrada, muy difícil.

No sé bien si es por haberlo tomado con cautela o por el escenario amable de las vacaciones, el caso es que El lector de Julio Verne ha pasado a ocupar un lugar destacado entre mis preferidos.

Desde las primeras páginas Nino se hizo un hueco dentro de mí y creo que no se marchará nunca. Es uno de esos personajes entrañables que por mucho tiempo que pase siempre los recuerdas con ternura.
Que veamos esta historia a través de sus ojos es lo que marca todo el tono del relato, porque Nino es un niño de 9 años al que le ha tocado vivir en una época muy difícil de nuestra historia y al que veremos crecer y madurar a lo largo de los tres años por los que transcurre, entre 1947 y 1949.

El guerrillero Cencerro y su leyenda, la lucha de la Guardia Civil por acabar con los guerrilleros de la Sierra Sur, la vida en una casa cuartel donde las cosas son mas difíciles de lo que cabría pensar. El día a día en un pueblo en permanente tensión.
En medio de todo esto, Nino es el Canijo, tan bajito que parece que de mayor no va a dar la talla para entrar el en Cuerpo y su padre, preocupado, se encargará de que le den clases de mecanografía que le sirvan el día de mañana para colocarse de oficinista. Pero Nino lo que quiere es ser como su amigo Pepe el Portugués que desde que se instala en las afueras del pueblo y a pesar de la diferencia de edad se convierte en su mejor amigo, en su camarada, en su confidente. Un personaje Pepe que desconcierta al joven Nino, que no acierta a comprender por qué ante el resto del mundo quiere aparecer como un hombre simple, insignificante y que no quiere líos, cuando él va descubriendo día a día, detalle tras detalle que el Pepe con el que él trata  es un hombre completamente distinto.

Hay muchos otros personajes que se van perfilando ante nuestros ojos  para hacernos sentir la atmósfera en la que se mueve la historia de Nino pero ninguno como Doña Elena. 
Doña Elena era maestra antes de la guerra y sin poder ejercer ahora su oficio malvive en un cortijo cercano al pueblo junto con Las Rubias, todas mujeres, solas, rojas. Su vida es de todo menos fácil y están marcadas por la pérdida del marido, del hijo, del hermano. A ese cortijo, donde no es bien recibido, sube Nino para recibir clases de mecanografía.
Afortunadamente doña Elena vive en una casilla aparte, una casilla que contiene un tesoro. Allí hay mas libros de los que Nino ha visto nunca y la esperanza de que Doña Elena le permita leer la colección de Julio Verne será el motor que impulse a Nino a sobrellevar el tedio de la mecanografía. 
Durante el tiempo que duran las clases Nino se sentirá un ser afortunado, feliz, y esas semanas se convertirán en el mejor recuerdo de su infancia, porque Doña Elena no sólo le enseñará mecanografía sino que le enseñará muchísimas mas cosas, le contará historias, aprenderá palabras en otros idiomas, poesía, literatura y sobre todo le enseñará otra forma de ver el mundo, con otros ojos. A través de sus historias y de las historias que le cuentan los libros Nino podrá evadirse de la realidad que le rodea y se despertará en él una curiosidad insaciable por saber más, por conocer más.
Con la complicidad de Pepe el Portugués y el carácter sereno y tranquilo de Doña Elena crecerá la semilla que con el tiempo dará forma al hombre que Nino llegaría a ser.

Son muchas las cosas que vivimos y descubrimos con Nino hasta que la historia dé un vuelco que pondrá fin a su infancia, a un tiempo que ya nunca volverá a ser igual y a nosotros nos dejará un sabor agridulce, un pequeño nudo de emoción en el estomago y  finalmente una sonrisa de comprensión, de entendimiento.

No se si he conseguido transmitir lo mucho que me ha gustado, que es una historia en la que me he metido a fondo para sentir con Nino lo que podía ser la vida en ese tiempo, en ese lugar, en esas circunstancias.

Almudena Grandes me ha vuelto a demostrar de lo que es capaz como narradora y yo no puedo hacer otra cosa que rendirme a su talento. Y esperar con calma el siguiente.